El aeropuerto más ecológico del mundo ahorra un 50% de energía, ¿cómo lo consigue?

La aviación da saltos de gigante para minimizar su impacto ambiental, y Oslo se sitúa a la cabeza reduciendo el 50% de sus emisiones en su nueva terminal

 

Oslo (Noruega) está de enhorabuena con su New Oslo Airport, el aeropuerto de Oslo-Gardermoen que tras una gran ampliación ha sido catalogado como «la terminal de aeropuerto mejor diseñada del mundo» en la feria Future Travel Experience Global de Estados Unidos en septiembre de 2017. El diseño y la ejecución corrían por parte del estudio noruego Nordic-Office of Architecture.

A pesar de que la aviación sigue siendo un medio de transporte altamente contaminante, la aplicación de nuevas técnicas constructivas, un mejor aprovechamiento de los recursos y soluciones arquitectónicas orgánicas están consiguiendo mejoras de calado. Se estima que este aeropuerto es hoy día el más ecológico del mundo, ahorrando un 50% de energía en su operativa.

¿Qué cambios se han realizado en el aeropuerto?

Antes de 1997, este aeropuerto tenía un uso puramente militar, pero tras varias reformas fue agrandado y abierto al público en 1998 como un enlace comercial. Desde entonces, el tráfico aéreo no ha dejado de crecer, y una nueva solución era necesaria. En este caso se optó por el toque nórdico.

El aeropuerto ha duplicado el tamaño que tenía a casi el doble, aunque buena parte de los nuevos 117.000 m2 no tienen como función principal la aeronáutica, sino áreas de servicios como restauración, tiendas, lugares de descanso, aparcamientos, quioscos… Se ha pensado más en mejorar la calidad de los actuales pasajeros (y en el medio ambiente, como veremos más adelante) que en un aumento del tráfico aéreo.

Antigua terminal del aeropuerto de Oslo
Antigua terminal del aeropuerto de Oslo

Ahora el aeropuerto tiene un área total de 265.000 m2 y su tráfico de pasajeros también crecerá, de los 25 millones que tuvo en 2016 a los 32 millones de pasajeros al año que se esperan a partir de ahora.

El logro en ingeniería que supone el Oslo-Gardermoen

Aunque 1.500 millones de euros suena a gran inversión, lo cierto es que para un proyecto de magnitudes similares ha resultado más que asequible. Sin duda un logro tanto en el diseño y en la ingeniería tras la reforma, como por una buena ejecución de la construcción.

Esta ha sido tan bien planificada que llama la atención que estas obras no han afectado a los pasajeros. Falk-Petersen, CEO de la empresa Avinor, empresa pública que opera la mayor parte de los aeropuertos civiles de Noruega, afirmó que se sentía orgulloso de que durante las obras «el Aeropuerto de Oslo haya sido nombrado el aeropuerto más puntual de Europa tres veces». Sencillamente, no daba la impresión de estar en obras:

La certificación y el respeto medioambiental del aeropuerto de Oslo

Los aeropuertos contaminan, lo resaltamos porque negarlo resulta un absurdo. Llenan de CO2 la atmósfera y tienden a hacer ruido que produce incomodidades en la población. Dicho esto, existen iniciativas orientadas a un futuro en que los aeropuertos sean tan limpios como un vehículo eléctrico porque, según Falk-Petersen, «las personas que necesitan viajar por vía aérea podrán hacerlo de manera segura, eficiente y respetuosa con el medio ambiente».

El cambio en la imagen del aeropuerto ha sido tan relevante a nivel de impacto ambiental que a principio de 2017 recibió el sello BREEAM, un testimonio que certifica edificios y obras civiles en todo el mundo. Nunca un aeropuerto había superado sus elevados estándares, convirtiéndose Oslo en la primera ciudad del mundo en lograr este hito. Le seguirán más, sin duda.

La construcción de bajo impacto de un aeropuerto

Ya hablamos en su momento del sueño de la aviación eléctrica, aunque en este caso ponemos el foco en la infraestructura de bajo impacto.

Por ejemplo, podemos señalar el llamado hormigón climático. El hormigón es un material compuesto que tiene un índice de energía incorporada relativamente moderado. Este índice simboliza el impacto en CO2 o J/kg (julios por kilogramo) para su fabricación. Ronda el 1,1 MJ/kg frente al 0,4 MJ/kg del adobe, los 2,50 MJ/kg del ladrillo o  los 5,9 MJ/kg de la piedra. El hormigón climático usado en el aeropuerto de Oslo es más bajo que el hormigón corriente.

A esto se le suma que gran parte de los metales usados para la estructura de la nueva terminal vienen del reciclaje, punto en el que insistieron desde diseño. La diferencia en las emisiones de CO2 entre reciclar y extraer mineral del subsuelo puede llegar a rondar los dos órdenes de magnitud, pero el mayor impacto supone la deforestación del terreno de la mina y el impacto local que puede suponer incluso una pérdida de biodiversidad. No es extraño que Thorgeir Landevaag, director de operaciones de la terminal del aeropuerto, se sienta orgulloso del resultado.

Una visión a futuro de las instalaciones

La construcción es importante, pero esta solo supone (en edificaciones que duran décadas) cerca de un 40% del impacto ambiental a lo largo de su vida útil. El otro 60% suele venir de sus instalaciones, especialmente de los sistemas de climatización de los edificios. Es por eso que todos los materiales se eligieron de modo que se conservase el clima interior de un modo natural y sin un bombeo constante de energía, al estilo de las passive houses. Se estima que la simple elección de materiales para la construcción ha reducido en un 43% las emisiones contaminantes. Vamos por buen camino.

En este paquete de medidas se incluyen también los amplios ventanales que maximizan la luz durante el día. No es fácil a nivel arquitectónico y climático el diseño de ventanas panorámicas curvas, ya que los estándares de calidad para evitar fugas son considerables.

Diseñando la operativa del día a día para reducir el CO2

El diseño de la nueva terminal no se limita a la parte constructiva o las instalaciones secundarias alojadas dentro. También se han revisado los protocolos de todas las funciones del aeropuerto para minimizar el impacto con propuestas orgánicas realmente originales.

Por ejemplo, el New Oslo Airport aprovechará el clima frío y nevado de la zona para ahorrar en refrigeración. Para eso se ha creado un gran depósito térmico de nieve en la terminal que ayudará a enfriar el muelle norte en verano, cuando las temperaturas asciendan. Un buffer térmico con el que regular la climatización haciendo uso de una batería sólida en forma de agua congelada en la que no hay que invertir energía para su funcionamiento.

La idea no es nueva, Noruega lleva almacenando frío bajo cubiertas de serrín desde hace cientos de años. Pero es la primera vez que un concepto climático tradicional se aplica a gran escala y para refrigerar espacios tan grandes.

Con respecto a la calefacción, un sistema de bombeo que corre bajo el suelo de toda la terminal eleva la temperatura de las zonas de paso con agua residual que se encuentra a mayor temperatura que el aire.

Esto recuerda a otras iniciativas tradicionales de los hogares tales como las fresqueras, la cubierta ajardinada, los patios con fuentes, las chimeneas solares o las torres de viento.

También en la operativa diaria destaca la remodelación del espacio interior. Los viajeros, por ejemplo, andan la misma distancia media por la terminal que cuando esta medía casi la mitad. Con el consiguiente ahorro de electricidad en elementos como pasarelas, escaleras mecánicas o ascensores.

 

Oslo ha marcado un precedente en la aviación moderna sostenible y la edificación, y cuando iniciativas como estas se sumen a otras como la aviación eléctrica mencionada previamente, las ciudades hiperconectadas o un uso racional de la energía, veremos un importante cambio en el efecto invernadero.

Los aeropuertos de Dallas (EEUU) y Zagreb (Croacia) con los que competía no se han quedado a tanta distancia en los premios Future Travel Experience Global, y existe media docena de aeropuertos actuales que se están construyendo con estándares de calidad medioambiental que pronto eclipsarán al de Oslo. La movilidad está cambiando, y vira hacia la sostenibilidad.

 

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Imágenes | iStock/Leonid Andronov, Avinor, iStock/Baiaz

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