Cómo saber si a tu empresa le conviene tener vehículos eléctricos

Para una empresa hay más factores para analizar a la hora de adquirir un vehículo eléctrico que para un particular

No pocos particulares echan cuentas y se preguntan si es un buen momento personal para invertir en un vehículo eléctrico, al igual que muchos empresarios cuestionan si es el momento de que su empresa salte hacia delante y coja esta ola verde (o si seguir como hasta ahora).

¿Realmente me compensa invertir en este tipo de vehículos en este momento?

La apuesta por el vehículo eléctrico no se analiza del mismo modo para un particular y para una empresa. En estas últimas hay más factores a considerar además del puramente económico, como son la imagen comercial o la flexibilidad necesaria en el día a día, junto el grado de electrificación que se puede llevar a cabo.

Analicemos todos estos aspectos.

Una apuesta por la imagen de la empresa

Una empresa puede emplear parte de la inversión en mejorar la imagen de la compañía mostrando a los clientes sus valores ecológicos. No son pocas las que dicen ser verdes mediante algún tipo de sello en su web pero, ¿cuántas lo demuestran realmente con acciones tangibles?

Una apuesta por la imagen de la empresa

Hablando con Luis Valerio, director general de Vehículo Eléctrico Renault España & Portugal, deja claro que «las empresas llegan de una manera indirecta a la movilidad eléctrica. No llega porque el consejero delegado se despierte un día y diga “¡Lo que contaminamos todos los días con nuestra flota! Nos vamos a buscar el eléctrico”».

Aunque cada vez más las empresas se implican en el cuidado medioambiental, sus motivos suelen ser de diferenciación, económicos y en última instancia ecológicos. Sin embargo, el que las empresas se pregunten ¿Qué podemos hacer diferente? sirve de palanca para la entrada del vehículo eléctrico en su flota.

En este sentido, ¿qué empresas se pueden beneficiar? Cualquier empresa cuyos productos y valores principales sean la energía verde o el bajo impacto ambiental (p.ej. comercializadoras, eficiencia energética…) podría usar un vehículo eléctrico 100% para dar buen ejemplo y alinear la empresa y su producto con la imagen que el cliente percibe de ellas. Una empresa que vende energía verde podría advertirse como poco comprometida si usa una flota de vehículos de combustión.

Así como cualquier empresa que se sustente sobre valores sostenibles y sanos (alimentarias, agricultoras, de salud, educativas) verá reforzada su credibilidad con un vehículo que ayuda a cuidar el medio ambiente y que es coherente con esos valores que las marcas ostentan.

En general, cualquier empresa que desee mejorar su imagen debería considerar invertir en electrificar parte de su flota cuando aún sea un valor diferenciador. Por supuesto, siempre que salgan las cuentas.

Un balance económico

Todas las empresas, grandes y Pymes, buscan la rentabilidad económica. Es por eso que todas pasan (esto ocurre de igual modo en las familias) por un análisis económico para comprobar si las cuentas soportan la inversión.

Los vehículos eléctricos, debido al coste de la batería, han tenido una barrera de entrada muy grande en el mercado al competir contra vehículos de combustión a precios muy competitivos y altamente asentados. Es por eso que el poder elegir la modalidad de alquiler de batería hace que el desembolso inicial no sea tan elevado, y coloca este tipo de vehículo en el mercado.

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Sin embargo, aunque el desembolso inicial pueda parecer alto, hay que tener presente los gastos propios de un vehículo (del mantenimiento al combustible).

Hay una diferencia sustancial en el mantenimiento de un vehículo eléctrico frente al de combustión por el simple hecho de que gran parte de las averías de un vehículo convencional vienen dadas por elementos que no existen en el vehículo eléctrico. Junta de culata, turbo… Un vehículo eléctrico tiene un 60% menos de piezas móviles o ensuciamiento de las mismas, con la reducción económica que eso supone.

En cuanto al combustible, un simple cálculo nos demuestra lo asequible que es el kilómetro recorrido con un motor eléctrico frente a uno de combustión. Especialmente en ciudades, donde el consumo de combustible se dispara en los arranques y las frenadas.

Un cálculo entre un Renault ZOE y uno térmico de las mismas características da como resultado que por cada 100 km que se circule con un vehículo eléctrico se ahorre 4 euros*. La inversión en un ZOE para un comercial que haga 100 km al día, por ejemplo visitando a varios clientes de una ciudad, supone un ahorro de 1.000 euros netos frente a un gasolina, una amortización que ayuda mucho en la electrificación de la flota de vehículos**.

La necesidad de autonomía y flexibilidad

El vehículo eléctrico, por su modo de repostaje, no puede (ni debe) ser usado como usamos el vehículo de combustión. Del mismo modo que pasamos del teléfono al teléfono inteligente, hemos de acostumbrarnos a cargar nuestro coche inteligente por las noches para despertarnos a plena carga. Tanto particulares como empresas, aunque estas últimas lo tengan aún más fácil.

Son bastantes las empresas con su flota en garajes y cocheras, en las cuales resulta sencillo instalar una toma de carga. Estas empresas son candidatas inmediatas a una electrificación de su flota, al menos en parte. Uno de los frenos al cambio hacia el vehículo eléctrico es el intento del cambio de una flota completa, en lugar de una adaptación paulatina, muy recomentable.

Ese todo o nada suele acabar en nada, ya que resulta complicado que toda nuestra flota, especialmente si disponemos de muchos tipos de vehículos (turismos, furgonetas, motos…), pueda ser convertida de inmediato a eléctrica. Lo ideal es empezar poco a poco, con los vehículos que podrían cambiarse mañana y no suponer ningún posible contratiempo.

Un pequeño ejemplo

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Pongamos el ejemplo de una flota madrileña (una ciudad más o menos radial) de 25 vehículos comerciales con rutas diarias que salen desde Madrid:

  • 15 de ellos a Madrid capital.
  • 5 de ellos a ciudades de la periferia.
  • 5 de ellos al resto de la península.

Una buena praxis empresarial es la de las inversiones piloto. En el caso de la movilidad eléctrica, invertir en un 5, 10 o 15% de la flota, ver cómo se comportan, cómo se adaptan los conductores a la nueva mentalidad. E ir ampliando de manera paulatina, pero decidida, la flota si todo va como se esperaba, algo que ocurrirá en la mayoría de los casos estudiados.

Es para esto que Renault dispone de una pequeña flota que pone a disposición de algunas empresas para que comprueben el funcionamiento en el día a día. Pruebas gratuitas para asegurar que el vehículo eléctrico puede sustituir el uso actual de un vehículo de combustión. Esto, especialmente con el Nuevo ZOE de 400 km NEDC, incluye al 75% de los desplazamientos.

En el ejemplo sería aconsejable incluir una pequeña flota dentro del grupo que se mueve por Madrid (menos kilometraje, cercanía a la oficina, posibilidad de pequeños cursos de formación, mayor concentración de cargadores rápidos para emergencias…). Cualquier ventaja detectada o problema estaría más cerca de la solución que un vehículo del tercer grupo.

La idea es, poco a poco, ir electrificando a los 15 primeros coches mientras se realiza una monitorización de los otros dos grupos: ¿Cuántos kilómetros realizan al día? ¿Cuántos seguidos? ¿Hay puestos de recarga rápida allá donde van? De este modo, una vez que llegue el momento de decidir invertir en estos grupos se tendrá la seguridad de si es viable o no.

Parece fácil descartar, salvo excepciones, a los cinco últimos comerciales como incorporaciones inmediatas al vehículo eléctrico. Para el segundo grupo se puede, sin embargo, empezar a monitorizar con más precisión sus desplazamientos. ¿Cuántos kilómetros realizan al día? ¿Cuántos seguidos? ¿Hay puestos de recarga rápida allá donde van? De este modo, en uno o dos años, seremos capaces de justificar una inversión en esos vehículos.

Como norma general, cualquier flota que circule por el interior de las ciudades y que hagan menos de 300 km al día no tienen excusas para electrificarse de inmediato (más allá de la puramente económica). Aunque cada empresa es un pequeño mundo de muchos factores, quedan muy pocas excusas que usar contra el vehículo eléctrico. Éste se posiciona en el mercado con una alta competitividad y pronto lo cambiará por completo.

 

*Cálculo a día 19.09.2016, con los datos: Consumo vehículo combustible equivalente de 4,5 l/100km. Precio Diésel A 1,055 €/l. Consumo ZOE de 14,7 kWh/100km. Compra eléctrica supervalle: 0,050522 €/kWh. Para el ZOE el consumo tras 100km circulados habría sido de 0,74 euros, mientras que para un vehículo de combustible el coste sería 4,74 euros para el mismo trayecto.

** Cálculo realizado para un vehículo que circule los 250 días laborables al año una media de 100km diarios.

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Imágenes | iStock/Boarding1Now, iStock/karandaev, iStock/maxuser, Renault

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