Cómo se producen los atascos

Una causa es segura: surgirá cuando lleguen a un carril más vehículos de los que pueden circular por él

Pocos hechos son más frustrantes que un atasco, sea o no hora punta y tengamos o no prisa por llegar a algún lugar. Subir al vehículo, conducir durante unos minutos y… ¡oh, cientos de vehículos parados en la carretera! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué hay un atasco? ¿Qué hace toda esta gente aquí?

Muchos hechos generan atascos, pero las causas se pueden resumir a una sola: un atasco surgirá cuando lleguen a un carril más vehículos de los que pueden circular por él de forma segura, momento en que reducirán poco a poco la velocidad para mantener la seguridad. Aunque los conductores no lo sepan, cada uno se está comportando como una gota en un fluido.

El tráfico es un fluido

Seguramente alguna vez en la vida, te haya ocurrido lo siguiente. Estás usando un embudo sobre el que echas agua o algún otro líquido, y te das cuenta de que el nivel del líquido en el embudo no deja de subir. Es decir, estás vertiendo más agua de la que el embudo es capaz de desalojar. Eso es un atasco: entran en la carretera más vehículos de los que pueden ser desalojados.

la circulación es un fluido

Circunstancia que se da en diversas situaciones: cuando llueve, uno o varios vehículos parados, carreteras no adaptadas al tráfico, hora punta, una obra e incluso animales cruzando la vía u otras causas. Un estrechamiento de los carriles o un aumento del tráfico que dan como resultado más vehículos de los permitidos.

Ejemplo de un atasco urbano

En un ejemplo por poblado (50 km/h de velocidad máxima) los vehículos deben dejar unos 25 m de distancia de seguridad con el vehículo que le precede; es decir, por cada carril podrá circular un vehículo cada dos segundos, o lo que es lo mismo, por los tramos A, B, C, D y E podrán pasar, como máximo, un vehículo cada segundo. Pero, ¿qué ocurre si en E ya se han alcanzado ese coche/segundo, o incluso lo supera?

por qué se forman los atascos poblado

Si en E se ha alcanzado el número máximo de vehículos que pueden circular a 50 km/h, eso significa que los coches que vengan de D y C deberán aportar no más de la mitad del tráfico. Y por A y B tendrá que circular, aproximadamente, un cuarto. Si no, algunos vehículos podrían quedar detenidos para dejar pasar a otro.

Ejemplo de un atasco en autopista

En ocasiones, un tráfico en otras circunstancias fluido puede taponar una carretera en cuestión de minutos. Pongámonos en situación. Un día nublado pero de alta visibilidad en una autopista de tres carriles. En ella, todos los vehículos circulan a la máxima de la vía y respetando la distancia de seguridad.

cómo se forman los atascos

Pero empieza a llover. Debido a que las condiciones de frenada han aumentado al doble la distancia de seguridad, la frecuencia con la que puede pasar un coche por la autopista también cambia. En cuestión de minutos los vehículos requieren el doble de espacio delante de ellos. Al no conseguirlo, frenan, haciendo que el vehículo tras el suyo haga lo propio.

Es por ello que cuando llueve hay muchos más atascos. Pero no tiene que llover para que existan.

Un ejemplo de un atasco donde no debería haber un atasco

En 2008 se publicó un curioso artículo acompañado de material visual llamado Traffic jams without bottlenecks (atascos sin necesidad de cuellos de botella), a través del cual Yuki Sugiyama y sus colaboradores demostraron que los cuellos de botella son tan solo una causa de variación de la distancia de seguridad, y por tanto de los vehículos que pueden circular por un carril.

En el experimento, Sugiyama colocó 22 vehículos diferentes en una carretera circular de 230 metros de diámetro a distancias iguales. Lo único que tenían que hacer los conductores era mantener los 30 km/h y la distancia al vehículo de delante. Algo que fue bien durante unos segundos. Pero pasados unos segundos empezó a ocurrir un fenómeno curioso.

Algunos vehículos pisaban ligeramente el acelerador, bien porque pensasen que iban despacio o por algún error de cálculo. Y ese metro o metro y medio que ganaban era percibido por el conductor que iba detrás, que trataba de recuperar el espacio que pensaba perdido. ¿El resultado? Una ola de espacio vacío que se transmitía en sentido contrario a la aceleración.

¿Podemos evitar crear un atasco?

A pesar del hecho de que resulta sencillo no entrar en un atasco crónico (esos que se forman a diario en horas punta), es muy complicado evitar crear uno. El primer motivo es que, como conductores, nos es imposible ser conscientes de la velocidad y posición de todos los vehículos de la ciudad, así como las intenciones de los otros conductores. Factores que nos facilitarían saber qué ruta tomar. Además, se nos da bastante mal ceder el paso.

Es en este punto en el que sí podemos incidir como conductores. Por ejemplo, en una rotonda, circular a una velocidad inferior a la máxima facilitará la incorporación de otros vehículos, lo que hará que no se formen colas para entrar. Si al entrar en una rotonda limitada a 50 km/h lo primero que hacemos es circular a esa velocidad, reproduciremos la rotonda de Sugiyama.

Algo que ha aprendido la ciudadanía de países con poca infraestructura en señalización es que una baja velocidad y ceder el paso ayudan no solo a la fluidez del tráfico, sino a evitar accidentes. Solo así se entiende que exista un cruce con 32 carriles para vehículos por el que los peatones puedan pasear tranquilamente (Meskel Square, en Edis Abeba).

Llegará el día en que los atascos formen parte del pasado gracias a la infraestructura de las ciudades (la mayor parte de los atascos se forman en ellas o en sus inmediaciones) y los sensores que llevarán los coches conectados a Internet. Pero, de momento, lo mejor que podemos hacer al entrar en un atasco es ir sobre el vehículo más gratificante en su conducción.

En Corriente Eléctrica | Rotondas de alta eficiencia energética como ejemplo de infraestructura inteligente

Imágenes | iStock/Steve EstvanikiStock/James Hindermeier, Marcos Martínez

Comentarios