Cómo son las tripas de un edificio inteligente

Los objetivos de una edificación inteligente son variados: desde minimizar su impacto sobre el medioambiente hasta aumentar su seguridad.

Durante los últimos años hemos usado la palabra inteligente con frecuencia. Teléfono inteligente, reloj inteligente, coche inteligente, ciudad inteligente, e incluso ahora usamos conceptos como isla inteligente o edificio inteligente. Pero, ¿qué tiene que tener un edificio para ser inteligente?

¿Qué es un edificio inteligente?

Resumiendo mucho lo que luego comentaremos con más espacio, un edificio inteligente (o smart building) es la pieza más pequeña que suele atribuirse a las smart cities. Es un edificio que integra una gran cantidad de sistemas bajo un único paraguas de información y proceso de datos al que, para seguir con la terminología de inteligente, se le añade un cerebro.

Este cerebro (centralita, servidor o CPU en función del caso) regula funciones del edificio tales como la climatización, el confort, la seguridad, la facilidad de uso e incluso la contabilidad de la comunidad.

Los objetivos son variados, y van desde hacer más fácil la vida de las personas del edificio como hacerles ahorrar, minimizar su impacto sobre el medio ambiente o aumentar su seguridad. Para ello, el edificio inteligente cuenta con al menos un procesador que trata la información de manera holística e integrada.

El edificio inteligente y la climatización

Es probablemente la parte de los smart buildings más conocida. Lo es debido a que, junto con los vehículos de combustión y la conversión de proteína vegetal a proteína animal, los edificios son unos de los mayores emisores de CO2 y otros gases de efecto invernadero que contaminan a la atmósfera.

Las emisiones debido a su construcción son elevadas, pero bajas comparadas con vidas útiles que superan en su mayoría los 50 años. De ahí que el aislamiento y la climatización sean consideradas los grandes protagonistas de los edificios inteligentes.

En cuanto al aislamiento, es relativamente fácil de comprender. Muros gruesos generarán una masa térmica importante que evitará que el calor o el frío entren de inmediato en el edificio. Y el vacío o distintas capas de aire (como sucede en las ventanas) crearán cámaras con un efecto similar. Aislar un edificio es el primer paso hacia su inteligencia en climatización, aunque depende de otros muchos.

La climatización en sí es algo más compleja porque depende de la intervención de máquinas de frío o calefacción que muchas veces van más allá de sistemas que todos conocemos (como las calderas de toda la vida). Y hay dos puntos a considerar:

  • cómo de eficiente es la máquina. Es decir, cuántos grados enfría o calienta con la misma energía.
  • cómo de inteligente es la máquina. O cómo de bien calcula la temperatura interior teniendo en cuenta la exterior.

Es en este último punto donde aparece la inteligencia del edificio. Por ejemplo, que sepa cuándo tiene que cerrar las ventanas por la mañana para tener que calentar lo mínimo por las tardes requiere no solo de un cerebro. También necesita muchos datos estadísticos de partida. Es decir, el edificio inteligente tiene un aprendizaje.

El edificio inteligente y las condiciones de confort para sus ocupantes

Muy ligado a la climatización, aunque incluyendo otros sistemas como domótica y administración de recursos, los edificios inteligentes son flexibles desde el punto de vista del uso. En otras palabras, se adaptan a los ocupantes para satisfacer sus necesidades de confort. Para que estemos más cómodos.

Pensemos en dos viviendas, una clásica y otra con una gestión integral del edificio (desde seguridad a gestión de energía). Mientras que la primera depende de las acciones de los ocupantes para regular sus funciones, la segunda aprende de estos para adelantarse a sus necesidades.

edificio inteligente confort térmico

A través de un ejemplo de climatización, el primer edificio requiere que alguien encienda o programe las diferentes máquinas para refrigerar o calentar la vivienda. En el segundo, es esta la que regula el encendido y apagado en base al comportamiento de los inquilinos. Los termostatos fueron el primer paso hacia los edificios inteligentes, pero estos van mucho más allá.

Cuando un edificio inteligente se pone en marcha se parten de unos históricos de datos genéricos que no optimizan la energía demasiado. Es durante los siguientes años, cuando el edificio ha aprendido sobre sus condiciones particulares, cuando aparece el ahorro de energía.

La seguridad y el edificio inteligente

Que los accidentes y hurtos se hayan producido en los edificios desde que surgiesen hace dos milenios no significa que nos acompañen al futuro. Hoy día tenemos la tecnología para hacer mucho más seguras nuestras edificaciones.

En materia de incendios contamos no solo con mecanismos de extinción más seguros. Tenemos también sistemas de detección que arrancan pocos segundos después de aparecer el primer conato. Tras ello, los servicios de emergencia entran en acción.

Aunque nuestro país no sufre muchos terremotos, copiamos de las plantas diferentes formas de hacer frente a los sismos. Algunos de los mecanismos, como el uso de pistones viscoelásticos, pueden ser controlados por dispositivos PID que ajustan la presión dentro de los cilindros a la magnitud y dirección del temblor. Conservando a salvo la estructura (y a los inquilinos).

edificio inteligente control

En cuanto a la seguridad de acceso, algunos edificios residenciales ya disponen de mecanismos para autorizar a amigos, familiares, e incluso al personal. Si bien es cierto que este tipo de soluciones suele verse en edificios de oficinas y empresas más que en domicilios.

Inclusividad y edificios inteligentes

Hasta hace no mucho, la inclusividad era un tema externo a la edificación básica. Si una persona con discapacidad buscaba piso, debía adaptarlo tras la construcción a sus propias capacidades. Pero los edificios inteligentes parten de una premisa de que toda persona ha de desenvolverse con soltura en su interior.

De ahí que estén preadaptados a cualquier tipo de discapacidad antes incluso de que se sepa que la persona entre en el edificio. Señalética podotáctil, balizas sonoras integradas en las paredes o rampas de acceso son algunas de las más habituales.

Pero también hay que contar con sistemas tan básicos y fáciles de usar que personas con discapacidad mental, ancianos o niños, no tengan problemas para desenvolverse.

El mantenimiento de los edificios inteligentes

Los edificios inteligentes, por tanto, son una pieza de alta tecnología que usa desde maquinaria industrial a sistemas de control en la nube. Son más complejos que las edificaciones tradicionales, pero tienen que soportar un estrés y unos cambios de uso mucho mayores.

Es por eso importante que el mantenimiento pueda realizarse con la mayor facilidad posible. De nada sirve un edificio que produce y consume su propia electricidad si cuando ocurre algún desperfecto se ha de colocar un grupo electrógeno.

 

Aunque todo esto parezca venido directamente el futuro, en el ámbito laboral es ya una costumbre extendida adaptar las antiguas edificaciones a tiempos más modernos. No hemos de perder de vista que algo tan básico como colocar Internet en el edificio, ascensores de última generación en seguridad o soluciones de inmótica fue considerado hace pocas décadas algo futurista.

 

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