El placer de salirse del camino: descubre el encanto de las carreteras secundarias

Más allá de la autopista, quedan los pueblos que ésta y el progreso apartaron más allá de la ruta principal. Antes, eran de paso obligado.

“Si quieres conocer más de ti, sal de viaje y el camino te enseñará”. (Anónimo)

Un viaje por carretera puede ser un mero trámite, como pasar el control de seguridad del aeropuerto. Algo que haces sólo con la finalidad de llegar a tu destino. O puede ser el comienzo de tus verdaderas vacaciones. Todo depende de tu actitud.

La filosofía slow travel aboga por los viajes en los que prime la autenticidad. La calidad y no la cantidad. Que es mejor conocer a fondo Roma que pretender empaparte de toda la belleza de Italia en un tour de siete días marcado por un horario y en el que nada se deja a la improvisación.

Tomarse unos días libres y vivir pendiente del reloj son ideas contradictorias. Y sin embargo, la prisa por llegar es la que manda. Los turistas prefieren el avión al coche o la autopista a las carreteras secundarias, para ganarle la carrera al tiempo. Quizás porque nunca se lo hayan planteado de esta forma: la verdadera aventura, las vacaciones, pueden empezar en el momento que arrancas tu coche y no cuando llegues a tu meta, si eliges el camino adecuado.

 

Descubrir qué hay al otro lado de la autopista

Pueblo de Albarracin

Se trata de hacer de tu ruta un viaje que puedas disfrutar y no sólo recorrer cientos de kilómetros sin apenas cambiar de marcha y sin ser consciente de lo que te rodea. Más allá de la autopista, quedan los pueblos que ésta y el progreso apartaron más allá de la ruta principal. Antes, eran de paso obligado.

Conducir por carreteras secundarias te permitirá descubrir esas joyas: las que mantienen la arquitectura tradicional, con casas de piedra o de pizarra; las que son ricas en recursos: ese pueblo en el que se vende el mejor queso o la miel hecha con flores del lugar. Pararte a contemplar y visitar los testimonios de su historia. Esos que, desde la autovía, sólo son un punto en el paisaje que pasan por tu campo de visión a la velocidad de un frame mientras sólo te da tiempo a decir: “¡mira, un castillo!. Tú puedes hacer que la película de tu viaje tenga más de un plano.

El viaje puede ser una aventura

Porque cuando te lo tomas con calma y no te limitas a devorar con ansia los kilómetros que separan A de B, dejas lugar a la improvisación. Y jugar a la improvisación es sentir auténtica libertad. Piénsalo: ¿cuánto tiempo hace que no vives un sólo día sin tenerlo planificado o al menos mínimamente organizado?
No te marques metas: encuéntralas. El camino se irá haciendo al andar, como decía el famoso verso. Puedes detenerte en más lugares y no sólo en las áreas de descanso que se repiten como clones en cada autovía. Esas que te producen la misma sensación, ya estés en Almería o en Girona porque no están en los pueblos. No forman parte de su idiosincrasia.

Hombre descansa en coche frente al mar

Lo importante cuando llevas tu coche fuera de las rutas principales es que tú eliges las paradas. Y puedes apreciar verdaderamente el paisaje, con la obligación de aminorar la velocidad cuando pasas por los pueblos o de no ir a más de 80 km/h en todo el camino te permite añadir cada vez más planos: los pueblos y sus gentes, el mar en las rutas costeras, el color de los campos atravesando el interior…

Y conduces casi en soledad. No hay coches a los que adelantar, ni ese tránsito que te mantiene en cierto nivel de ansiedad. En estos caminos y carreteras puedes conducir manteniendo intactos tus reflejos y tu capacidad de reacción pero sin duda, con una actitud más relajada. Cuando dejas de pisar el acelerador, también tu estrés desacelera.

Así se disfruta una carretera secundaria

¿Sabías que existen multitud de rutas de carretera de gran interés turístico? Sí, un viaje por caminos secundarios puede ser toda una experiencia. Tanto como para que te dé igual llegar mucho después a tu destino.

En Galicia proponen visitar la Costa da Morte de faro en faro, pero también sin perderse ninguno de los otros atractivos que esconde la ruta. Puedes atravesar la comunidad por el camino más recto o disfrutar de toda su escarpada costa. Pero tienes más de 2.000 km de litoral por recorrer en España, así que puedes elegir la costa (Daurada, Brava, Blanca) que más te guste.

Los castillos salpican toda nuestra geografía y es al viajar por carreteras comarcales cuando puedes ser verdaderamente consciente de su imponencia. La comunidad de Castilla La Mancha cuenta con muchísimos ejemplos de estas construcciones, de origen árabe o medievales; castillos templarios y fortalezas-palacio. Y ya que estás por La Mancha, podrías incluso ir a la búsqueda de los paisajes de Don Quijote.

La naturaleza en todo su esplendor es otro de los espectáculos que no puedes perderte en tu viaje sin prisas. Tienes cientos de ejemplos a lo largo y ancho del país como éste del Desfiladero del Escañoiro (en la comarcal de Avilés a Illas). O descubrir la belleza de los campos de lavanda de Brihuega, como el viajero tranquilo que no quería verlo todo. Si viajas por Galicia, puedes, incluso, hacer el camino desde tu coche eléctrico.

También puedes recorrer el camino paralelo al parque Natural de la Albufera de Valencia por la CV-500, en la que los patos tienen prioridad. Si vives en Valencia, puedes plantearte visitar cualquiera de los tres parques naturales situados a menos de 100 kilómetros de la ciudad y vivir una aventura de domingo. De hecho, cualquiera de estos planes te sirve para un día de excursión: sólo tienes que descubrir qué te deparan las carreteras de tu comarca.

Como ves, los caminos secundarios pueden ser toda una caja de sorpresas. Además de disfrutar el camino, cambiarás tu forma de entender los viajes. Te convertirás en viajero y dejarás de ser un turista.

Fotos | iStock/3m3stino, iStock/Freeartist, iStock/kieferpix, iStock/mmee

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