En una ciudad inteligente sus habitantes dormirán bien, gracias al silencio

El ruido en las ciudades debe ser entendido como un problema de contaminación ambiental al que debemos plantar cara

La palabra es plata, pero el silencio es oro, reza el dicho. Y si es cierto, las ciudades modernas son más bien pobres de tanto ruido que encierran dentro. Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia son las más mencionadas, pero pocas ciudades de tamaño medio se libran de altos niveles de contaminación acústica y, ninguna de las grandes.

Hace mucho tiempo se sabe que la salud depende en cierta medida del ruido de fondo y del sueño, que se ve directamente afectado por el primero.  Sin embargo, cada año aumentan los niveles de ruido urbanos. ¿Por qué cada vez hay más ruido ambiente y qué alternativas tenemos?

El ruido nos hace no dormir y enfermar

Nuestro organismo no está acostumbrado a los niveles de ruido a los que le sometemos a diario. En ninguno de los entornos en los que evolucionaron nuestros sentidos había vehículos de combustión, tráfico aéreo, cláxones u obras, entre otras fuentes actuales. Sí que había mucho sonido (incluso de alta potencia) para el que nuestro cerebro está preparado, como trinos, aullidos, el murmullo del agua o cascadas…

Sonidos que no nos afectan del mismo modo que el ruido con el que hemos llenado las ciudades. Este, en el que el tráfico de combustión juega un enorme papel, da lugar a perturbaciones en el sueño y estas, a su vez, nos llevan a estar irritables, a sufrir dolores de cabeza, depresión, fatiga y otros problemas graves.

Lejos de hacer la vista gorda o considerarlos problemas menores, hoy día se sabe que el ruido de las ciudades reduce en hasta ocho meses nuestra esperanza de vida y que debe ser entendido como un problema de contaminación ambiental al que debemos plantar cara.

El ruido dentro de una ciudad

El ruido dentro de una ciudad puede provenir de numerosas fuentes: tráfico rodado a altas velocidades, patios de colegio, cercanía a las cocheras de bomberos o ambulancias, motores de combustión, el jaleo provocado por la propia gente al hablar o pasear, pabellones de conciertos, máquinas de aire acondicionado…

Heathrow Airport, London, England - September 9, 2012: Virgin Atlantic Airbus A340 approaches Heathrow Airport flying low over homes near the runway
Casas próximas al aeropuerto de Heathrow

Sin embargo, existen dos factores cruciales para comprender cuánto nos afecta el ruido. Uno de ellos es la intensidad sonora o potencia acústica, o cuánta energía es capaz de transmitir una onda sonora. Para hacerlo comprensible, suele tener relación con el volumen de la fuente. Por ejemplo, un martillo percutor produce un sonido potente y nos transmite más energía cuanto más cerca de él estamos.

El otro factor es la permanencia en el tiempo del ruido, sea cual sea su intensidad. Tanto si el ruido dura unos segundos pero es muy potente como si es moderado y dura mucho, estaremos exponiendo al organismo a niveles de estímulos para los que no está preparado.

Es en el segundo grupo (potencia moderada pero constante) en el que se enmarcan casi todos los ruidos de una ciudad y el que más problemas de salud provoca. Se destaca de entre todos el sonido del tráfico rodado pesado a altas velocidades y el tráfico de combustión.

La velocidad en las vías

La alta velocidad, tanto en carretera como en poblado, no solo está relacionada de manera directa con el número de accidentes, también lo está con cómo de intenso es el sonido que provocan los vehículos al rozar con sus neumáticos por la calzada y desplazar el aire a su alrededor. A más velocidad, mayor será el sonido.

Bajo estos datos, resulta razonable pensar que reduciendo la velocidad dentro de las ciudades y en sus inmediaciones seremos capaces de reducir el constante murmullo de los vehículos que tanto nos perjudica. Sin embargo, mantener constantemente un valor excesivamente reducido puede afectar al tráfico y generar atascos kilométricos.

Es aquí donde entran en juego los sensores de una ciudad inteligente y sus señales viales, adaptando la velocidad máxima de la vía al ruido que generan los vehículos para disminuir su impacto en los vecinos que lo sufren.

El número de vehículos

Mediante una red distribuida de sensores a lo largo de una ciudad y usando técnicas de procesamiento de grandes conjuntos de datos, es posible que dicha velocidad no se reduzca en determinadas vías, sino que aumente para disminuir el ruido. Debido a que muchos vehículos de combustión desplazándose lentamente en un mismo espacio pueden generar incluso más molestia acústica que unos pocos circulando y, con el objetivo de evitar un atasco puntual en algún lugar de la ciudad, se podría elevar la velocidad del tráfico durante unos minutos en puntos clave, pero de los que dependen la formación de un tapón en el otro extremo de la urbe.

Traffic lights over blue sky. Red light.

 

El tipo de vehículos

Una cosa evidente es que el tipo de vehículo que circula por una vía marca cuánto ruido generará. Dentro de las ciudades, donde la velocidad es baja, el vehículo eléctrico no genera ruido en comparación con el de combustión. Tan solo a altas velocidades ambos ruidos se equiparan, aunque el eléctrico tiene siempre un par de decibelios menos (que nos hacen ganar salud, o no perder la que tenemos).

renault-zoe-silencio

En un estudio europeo se mencionaba un ejemplo de una vía con 1.000 vehículos circulando cada hora. Se calculó que los decibelios (dB) bajaban tan solo en 0,2 con un 5% de vehículos eléctricos, pero que se reducía 1 dB completo con un 25% y llegaba a alcanzar los 5 dB si el 75% de los vehículos que circulaban eran turismos eléctricos.

Teniendo en cuenta que los decibelios con una unidad de medida logarítmica (de 40 a 45 dB hay muchísima más potencia sonora que de 35 a 40 dB) cualquier décima que se le arrebate al ruido redundará en la calidad de vida de los habitantes de la ciudad.

Las ciudades futuras, que hoy día planteamos como ideales, todavía están a muchas acciones de alcanzarnos. Sin embargo, cada uno puede aportar su granito de arena ayudando a reducir la contaminación que hemos creado entre todos.

Imágenes | iStock/m-gucci, iStock/BackyardProduction, iStock/monticelllo

 

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