Cómo influye el coche eléctrico en la economía del país: el ahorro en externalidades

El objetivo de la sostenibilidad no es ir tras el daño, sino no producirlo en primera instancia

¿Motivos por los que comprar un vehículo eléctrico frente a un térmico? Hay quien invierte en ellos porque es cómodo conducir sin ruido, quien mira por su economía de aquí a unos años, y quien mira por la economía de todos los demás de aquí a cincuenta. Estos últimos conductores tienen el concepto “externalidades” en mente aunque nunca lo hayan oído.

Frente a los modelos de combustión, el vehículo eléctrico no emite partículas al circular y, por tanto, no genera costos ocultos de limpieza del medio ambiente o sanitarios en el futuro. Así es como influye el coche eléctrico en la economía: ahorrando externalidades.

¿Qué es una externalidad?

El precio es un concepto que todo el mundo es capaz de comprender porque está escrito en un idioma relativamente universal: el dinero. Si acudimos a un concesionario y vemos un vehículo de combustión que marca un precio de 9.499 euros, podemos llevárnoslo si abonamos 9.499 euros. Sin embargo, el precio del vehículo no es su coste.

El coste en ocasiones va parejo al precio, pero no es así en los vehículos térmicos, cuyas emisiones de gases de efecto invernadero tienen un coste a futuro que no se contempla en el precio de compra. Así, cuando un conductor compra uno de estos vehículos, paga solo el valor del coche, pero no el coste de limpieza de la contaminación por kilómetro recorrido que generará el vehículo a lo largo de su vida útil.

Externalidad es un concepto hace tiempo tabú que ahora se está empezando a usar. Gracias, en parte, a que Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, lleva años sacando el concepto a la luz en cada encuentro al que asiste y en cada libro que escribe. Y gracias a que la sociedad actual es mucho más consciente con su huella sobre el medio ambiente y el coste real de sus actos.

Las externalidades que el vehículo eléctrico elimina

El vehículo eléctrico no tiene tubo de escape por los que liberar a la atmósfera gases de efecto invernadero como los COx, NOx o CxHy. Las consecuencias inmediatas de estos gases son evidentes: cielos menos nítidos, más oscuros de lo que deberían, boinas negras sobre nuestras ciudades, escozor en ojos y garganta, y picor de piel si la contaminación es muy elevada.

 

los ángeles contaminación

 

Una consecuencia menos visible del supuesto ahorro en el precio de los vehículos térmicos es la aceleración del cambio climático y el calentamiento global. Existen, por supuesto, proyectos de regeneración urbana y de recuperación de zonas verdes, pero el objetivo de la sostenibilidad no es ir tras el daño, sino no producirlo en primera instancia.

«No es más limpio quien más limpia, sino el que menos ensucia» porque «lo barato acaba saliendo caro». Dos frases hechas de aplicación a los diferentes tipos de movilidad. Especialmente cuando hablamos de salud.

La Organización Mundial de la Salud emite informes mensuales sobre la mala calidad del aire en las ciudades europeas, que se sabe que provocan diferentes enfermedades pulmonares. Aunque la tecnología permite que los vehículos de combustión disminuyan las emisiones año tras año, su número cada vez es mayor entre la población.

De ahí la importancia del vehículo eléctrico a la hora de limpiar la atmósfera y evitar un coste futuro que venga de nuestros impuestos. El concepto de externalidad ganará peso cuando haya que desembolsar el coste no pagado en la actualidad.

¿La energía del vehículo eléctrico no genera externalidades?

El vehículo de combustión contamina mientras circula porque está convirtiendo energía química del petróleo en energía cinética. Como consecuencia, de su tubo de escape salen gases de efecto invernadero. Pero, ¿de dónde obtiene energía el vehículo eléctrico?

Si hablamos del concepto de externalidad de los vehículos térmicos debemos mencionar las emisiones de CO2 asociadas al vehículo eléctrico en la generación de la electricidad que los mueve. Por fortuna, unas emisiones que bajan año tras año.

A día de hoy podemos sacar pecho y decir que el 41,1% de los vehículos eléctricos en España circulan haciendo uso de energías renovables, lo que significa que sus emisiones reales son de cero gramos de CO2. El 58,9% de los vehículos eléctricos restantes sí hacen uso de energía química para la generación de su energía eléctrica pero, aún así, se cumplen dos hechos:

  1. El eléctrico tiene un 67% menos de emisiones en la generación de su energía valorando todo el ciclo del pozo a la rueda. Esto significa que si mañana todos los vehículos de combustión se cambiasen por vehículos eléctricos las emisiones bajarían de inmediato hasta ser un 37% de las actuales.
  2. Estas emisiones, muy inferiores a las que emiten los coches tradicionales, se realizan lejos de los núcleos de población y, cada vez con más frecuencia, acaban atrapadas mediante tecnologías de captura de CO2 mucho antes de llegar a la atmósfera.

A esto tenemos que sumar que el uso de las energías renovables poco a poco va ganando terreno a otros métodos de generación, por lo que la brecha en las bajas emisiones que ocasiona el vehículo eléctrico se cierra rápidamente.

Mientras que los vehículos térmicos expulsan cada vez más gases de efecto invernadero para funcionar (por su número más que por su consumo unitario), el vehículo eléctrico contamina cada año menos, y dejará de hacerlo en pocas décadas.

El vehículo eléctrico prevé el reciclaje de sus baterías

El complejo reciclaje de las baterías de los vehículos eléctricos pudo haberse perfilado como una externalidad en el pasado. Habría sido fácil que las distintas marcas se desentendieran una vez vendido el vehículo, convirtiendo las baterías en un problema medioambiental.

renault zoe nueva batería z40

En España, todos los fabricantes de vehículos eléctricos garantizan el reciclado de las baterías durante toda la vida de los vehículos y en su final, por siniestro o por envejecimiento al cabo de los años. En el caso de Renault existen procesos bien delimitados donde la batería se desmonta en los concesionarios y se envía a las plantas de reciclaje en Francia. Una vez allí los componentes vuelven a tener una segunda vida en lugar de tener que ser extraídos de la tierra de nuevo, ayudando a una economía circular de amplio recorrido.

Cada vehículo eléctrico hoy elimina un gasto sanitario en el futuro

El gasto sanitario futuro (en euros) es un problema económico, pero cuando hablamos coste sanitario no hablamos de euros, ¿verdad? Hablamos de salud. El problema que tienen las externalidades es que no las pagan las personas que generan el coste oculto. Se llaman externalidades porque son un «perjuicio […] experimentado por un individuo […] a causa de acciones ejecutadas por otras personas». Son externas, vienen de fuera y, por lo general, se repercuten con décadas de diferencia.

pensar en e futuro economía circular

Las externalidades son el concepto opuesto a la sostenibilidad. Son la no sostenibilidad, el desentenderse de un coste para transmitirlo a las próximas generaciones. El hecho es que las externalidades de cada vehículo de combustión que rueda las pagamos entre todos y les pasamos el coste a los siguientes. Quizá sea tiempo de empezar a ver más allá del ahora mismo, y empezar a actuar de cara al futuro que nos llegará no a nosotros, sino a nuestros hijos.

 

En Corriente Eléctrica | Qué es un Plan de Movilidad Urbana Sostenible: analizamos Madrid y Barcelona

Imágenes |Giovanni Tagini para RenaultiStock/MattGush, iStock/weerapatkiatdumrong

Comentarios