La pulpa de madera aspira a sustituir al acero y eso beneficiaría al coche eléctrico

Investigadores japoneses descubren cómo utilizar la pulpa de madera para reducir el peso de los coches.

¿Y si la madera fuera un material clave para aumentar la autonomía de los coches eléctricos? La industria investiga y trabaja para continuar ampliando la distancia que recorremos con los modelos eléctricos. El área principal de desarrollo es el de las baterías de iones de litio. Relacionado con estas, se investiga en la mejora de la química de las mismas con materiales tan sorprendentes como la tela de araña.

Sin embargo, existen otros modos de incrementar autonomía, eficiencia y, por tanto, prestaciones de los coches eléctricos. De ahí los avances en tecnologías como la de los supercargadores, la recarga inalámbrica, el desarrollo de neumáticos más eficientes o de climatizadores especiales. La mejora de la aerodinámica y el descubrimientos de nuevos materiales son también fundamentales. Es en este último campo donde la pulpa de madera va a jugar un papel destacado.

Así, investigadores de la Universidad de Kyoto en Japón, junto a otros agentes de la industria, han dado con un nuevo material basado en la pulpa de la madera. Según estos, podría convertirse en una alternativa viable al acero para la fabricación de coches en las próximas décadas.

La pulpa de madera, cinco veces más ligera que el acero

No es la primera vez que se busca una aplicación tecnológica a la pulpa de la madera. El material ya ha demostrado su utilidad en otros sectores, atrayendo los halagos de muchos expertos. Era solo cuestión de tiempo que recalase en la industria de la automoción. Además, al contrario que ocurre con otras tecnologías, en este caso sí parece que hay una verdadera intención de desarrollo.

Coche fabricado en madera

Los científicos miden el éxito del caso que nos ocupa en kilogramos. Según apuntan, el nuevo material posee un peso cinco veces menor que el del acero. Como contrapartida, si nos imaginamos coches fabricados de madera, podríamos concluir que serían menos seguros por lo endeble del material.

Precisamente, esa es otra de las ventajas de este desarrollo. Llega a ser hasta cinco veces más resistente que el acero. El motivo es el uso que se hace de la fibra de la pulpa de la madera. Esta se fragmenta para hasta conseguir nanofibras de celulosa, tan pequeñas como una centésima de micra. Las nanofibras se envuelven en plástico para terminar de confirmar el nuevo material.

Su precio es el gran inconveniente

Si por una parte los científicos son optimistas con respecto a la integración del nuevo material en el proceso de producción, por otra reconocen que la obtención del mismo es cara. Un kilo de nanofibras de celulosa ronda los 7,80 euros.

Según el máximo responsable del proyecto, Hiroaki Yano, este precio se quedaría en la mitad pasados unos 10 años. Ese es el punto en el que los investigadores estiman que el precio sería competitivo con respecto al del acero. El kilo de este último se mueve en torno a los 1,70 euros.

En cualquier caso, la revolución que supondría el nuevo material en la masa de los coches eléctricos hace que merezca la pena su introducción. Su precio elevado podría compensarse con la posibilidad de reducir los packs de baterías de litio a la hora de aplicar a la carrocería las nanofribas de celulosa.

Hacer que una nueva tecnología sea económicamente viable suele ser un largo camino. A modo de ejemplo, ha venido ocurriendo con el precio del platino y la pila de combustible de hidrógeno. Hoy en día el precio de los coches a hidrógeno no es competitivo, sobre todo comparado con los modelos eléctricos. El motivo es que producirlos no deja de ser igualmente caros. Un material en concreto, el platino (utilizado como catalizador en la pila de combustible), ha sido el responsable principal de lastrar la tecnología. Este es el motivo por el que en la actualidad se investigan nuevos materiales que lo sustituyan.

Cuanto más ligeros sean los materiales, mayor beneficio para el coche eléctrico

Prototipo Renault Symbioz

La búsqueda de nuevos materiales que aligeren la masa de los coches es una de las grandes carreras tecnológicas para los fabricantes. La movilidad eléctrica está especialmente interesada en este tipo de soluciones. Y es que la masa de los vehículos eléctrico es mayor debido al aporte en este campo de las baterías. Por eso, aplicar nuevos materiales más ligeros a la hora de fabricarlos puede beneficiar al coche eléctrico.

Esta ocurriendo con la fibra de carbono. Muchos fabricantes han abrazado este material para aligerar algunas partes de sus modelos eléctricos. Así, la encontramos en la carrocería del Renault Symbioz, un prototipo de referencia para el futuro de la movilidad eléctrica.

No obstante, la fibra de carbono tiene tanto a sus amantes como sus detractores. Mientras existen fabricantes que se han involucrado en su proceso de producción, otro piensan que semejante inversión no merece la pena, por su elevado coste.

El techo de magnesio del Renault Eolab

Existen además otros materiales, menos costosos, que pueden beneficiar a fecha de hoy a los coches eléctricos, como son el aluminio y el magnesio. Un buen ejemplo de uso prodigioso de los mismos lo encontramos en el Renault Eolab. Este coche eléctrico híbrido enchufable atrajo los halagos de la industria hace tres años en el Salón de París.

Gran parte de sus avances se deben al uso del aluminio en combinación con el acero para su carrocería, que le permiten una reducción de 400 kilogramos con respecto a la media del segmento B. Su techo es de magnesio y aporta al vehículo tan solo 4,5 kilogramos.

Reducción de masa en Renault Eolab

A todos estos materiales que mencionados debemos añadir ya este nueva solución basada en la pulpa de madera. Si bien quedan unos años para que se produzca una aplicación real, su potencial y el énfasis de la industria en integrarla podrían convertir a la madera en una perfecta aliado para el coche eléctrico.

 

 

Imágenes | Renault, iStock/KwangmoozaaiStock/3DMAVR

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