Por qué Copenhagen decidió que todos sus techos fueran verdes

La capital danesa lleva desde 2008 convirtiendo sus azoteas en vergeles para capturar parte del dióxido de carbono que emite gracias a la ayuda natural de los árboles.

Copenhagen persigue el ambicioso objetivo ecológico de llegar a ser neutra en la emisión de CO2 para 2025. Para ello se han buscado un poderoso aliado: los árboles. La razón es bien conocida: la naturaleza cuenta con uno de los mecanismos más eficaces para la fijación de CO2. Un bosque de grandes dimensiones es capaz de compensar la contaminación que arroja a la atmósfera la quema de combustibles fósiles de todo un país como Canadá.

El valor de una conciencia ecológica

La capital danesa lleva desde 2008 convirtiendo sus azoteas en vergeles para capturar parte del dióxido de carbono que emite gracias a la ayuda natural de los árboles. Los techos verdes son sólo la parte más visible del compromiso que el país europeo ha adquirido hace ya muchos años y gracias al cual han conseguido disminuir dramáticamente sus emisiones de CO2. Son parte además de su estrategia para la biodiversidad, ya que pueden convertirse en hábitats para plantas y animales.

Este ambicioso y beneficioso plan surgió en 2009, mientras la ciudad era sede de la XV Conferencia sobre cambio climático de la ONU. Entonces se plantearon que podrían llegar a cubrir de vegetación hasta 200.000 m2 de techos y convertir Copenhaguen en “la ciudad sostenible del futuro”.

Gracias a la conciencia ecológica que impera en el país desde hace décadas sus emisiones en CO2 descendieron más de un 8% en 2015, respecto al año anterior, situándose en 6,51 toneladas per cápita. Una cifra que ha de llegar a 0 en menos de diez años. Ahora, gracias también a estas pequeñas junglas de ciudad, instaladas en los techos de la capital

Ser uno de los países europeos con más bicis per cápita también ayuda a contaminar menos. En Copenhagen la bicicleta se ha adueñado del asfalto, aupada por una gran infraestructura de carriles bici que se extiende ya a lo largo de doce mil kilómetros por todo el país. La bicicleta es el medio de transporte diario elegido por uno de cada tres habitantes de la capital.

Pero Dinamarca no es el único país que ha apostado por el verde en la arquitectura. El primero en regular los techos verdes por ley fue Canadá (lo hizo en 2012), aunque Alemania ya llevaba desde los años 60 sirviéndose de este sistema en poblaciones rurales. Ahora es obligatorio que los edificios de nueva construcción de grandes urbes de Francia, Suiza, Argentina o Colombia incluyan un techo verde y/o paneles solares para mejorar su eficiencia energética. Y en México, contar con un techo verde supone una importante reducción en el pago de impuestos.

Allí hasta las columnas sirven de improvisados jardines verticales. Hasta 60.000 km2 ocupa el área verde en los bajos de un puente que se extiende a lo largo de 27 kilómetros en DF. Todas estas iniciativas representan un paso más hacia una nueva forma de vida más sostenible, menos contaminante. Se trata de paliar, de alguna manera, parte del daño causado.

Beneficios de tener un jardín en la azotea

Según el estudio “Tree and Forest Effects on Air Quality and Human Health in the United States” publicado por el Servicio Forestal de EEUU, los árboles salvan 850 vidas al año gracias a su labor de “limpieza” de la atmósfera; y ayudan a reducir las enfermedades respiratorias, uno de los grandes males de la sociedad actual. Tener árboles cerca es casi obligatorio por prescripción médica. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), lo óptimo es que cada ciudad cuente con 9 m2 de área verde por habitante.

Atrapar el CO2 y ayudar a limpiar la atmósfera es sólo uno de los muchos beneficios de hacerle un hueco a la naturaleza en las alturas. Los árboles ayudan a absorber el agua de lluvia, evitando inundaciones. Es el mismo agua que permite que puedan casi prescindir del riego, ya que los techos van equipados con recolectores; otro ahorro energético.

Pero es que además también luchan contra otro tipo de contaminación, como la acústica, ya que las plantas absorben los sonidos de alta frecuencia. El proyecto europeo Progreencity ha llegado a la misma conclusión tras recolectar los datos de los tres edificios con fachadas verdes (cubiertas de vegetación) que hacen las veces de laboratorios de experimentación en Frankfurt, Viena y Madrid.

Y contra el despilfarro energético de todos esos aparatos de aire acondicionado: los techos verdes son reguladores climáticos naturales que ayudan a climatizar de forma natural los edificios paliando los efectos del fenómeno “isla de calor” que aqueja a las grandes urbes, por el calentamiento del asfalto y de las fachadas. Además, absorben gran parte de los rayos UV, protegiendo el edificio y dándole más años de vida.

Igual que ahorran energía, son capaces de proporcionarla; y de muchas formas distintas. Los techos verdes se pueden destinar a todo tipo de cultivos y convertirse así en huertos urbanos de altura. En este sentido, un proyecto llevado a cabo en un barrio de una pequeña localidad colombiana (Soacha), demostró que un cultivo de tres tipos de hortalizas (lechugas, cebollas y espinacas) instalado en el techo de una casa permitía cubrir el 100% de las necesidades alimentarias diarias (en cuanto a hortalizas) de una persona, aportando así un gran beneficio a poblaciones con necesidades económicas.   

 

La eficiencia y las bonanzas de los techos verdes están ya más que demostradas. De ahí que se estén proponiendo por parte de activistas ambientales en ciudades como Sevilla, que se podrían beneficiar de un descenso de hasta tres grados en la temperatura, optando por estos pequeños oasis urbanos.

Imágenes| Ursula Bach para Visitcopenhaguen.com, The Technical and Environmental Administration of Copenhaguen,  Kjaer & Richter Fan Page

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