Un ingeniero te explica por qué deberías tener un coche eléctrico si haces trayectos cortos

A las virtudes conocidas del motor eléctrico hay que sumar su capacidad de trabajar habitualmente en trayectos cortos con la máxima eficiencia

El motor térmico lleva utilizándose más de 100 años casi en exclusiva en numerosas aplicaciones entre las que se encuentra la automoción. Se trata de un invento tan ligado al desarrollo del automóvil que cuesta trabajo separar los dos conceptos: ¿qué sería del automóvil si no existieran los motores térmicos? ¿Existirían los motores si no necesitáramos coches? Este siglo de maduración del motor, coronado en las últimas décadas con el refinamiento de la electrónica, la robustez y ligereza de los nuevos materiales y la optimización informática, han aupado al motor de combustible a un nivel de desarrollo tal que parece ya difícil de mejorar.

Con la entrada en escena de los motores eléctricos en el mercado del automóvil, la unión tradicional y aparentemente inseparable de motor de combustible y automóvil ya no es la única opción. Ahora por fin el comprador de un vehículo tiene una alternativa al motor térmico que quizá pueda ajustarse mejor a ciertas necesidades.

A las virtudes conocidas del motor eléctrico, su sencillez máxima, cero emisiones y casi total eficiencia energética, hay que sumar algunas ventajas prácticas como la que trataremos a continuación, que es su total adecuación a trabajar habitualmente en desplazamientos cortos con la máxima eficiencia, circunstancias en la que nuestro viejo conocido el motor de combustión, no se encuentra cómodo. Veamos a continuación el por qué.

El calentamiento del atleta

Desde el momento en que se arranca un motor térmico frío, se inicia una fase de aumento paulatino de la temperatura de todas sus piezas. Los metales en contacto directo con la combustión alcanzan relativamente rápido entre 200 y 700ºC, valor este último de las válvulas de escape, pero es importante que el resto de elementos alcancen también lo antes posible sus temperaturas normales de trabajo. Llegado ese momento el sistema de refrigeración mantendrá estable la temperatura gracias a su termostato.

Durante la fase de calentamiento el aceite lubricante no se encuentra a la viscosidad óptima, si bien gracias a la alta calidad de los aceites y de los materiales en un motor moderno no se puede decir que la lubricación sea deficiente, sí que se produce una mayor fricción entre las piezas, lo que hace consumir más combustible y se acelera el desgaste. Además, el aceite necesita alcanzar cierta temperatura para desprenderse de contaminantes volátiles que recoge procedentes de la combustión, por lo que un funcionamiento habitual a baja temperatura acelera su degradación.

Otro aspecto negativo del trabajo en frío de los motores térmicos es que mientras que los conductos de admisión de aire y las cámaras de combustión no han alcanzado cierta temperatura, la combustión puede ser deficiente, generando carbonillas que tienden a acumularse en las mismas cámaras y en el sistema de escape si se suele circular con el motor a muy bajas revoluciones, como es habitual en desplazamientos en ciudad.

Por estas razones se puede decir que los motores térmicos trabajan de forma óptima una vez han alcanzado su temperatura de servicio.

¿Cuánto tarda en estar listo un motor térmico?

Esto es muy variable dependiendo del motor, y del tipo de recorrido. Por lo general los motores diésel necesitan más tiempo que los gasolina desde el arranque en frío y el tiempo de calentamiento se alarga notablemente con recorridos lentos y frecuentes paradas.

De forma aproximada se puede decir que el conjunto del motor necesita unos 10 o 15 kilómetros o unos 15 a 25 minutos en alcanzar su temperatura de servicio. Una vez el agua alcanza los 90 ºC, algo que puede comprobarse con el testigo de temperatura, el aceite tardará aún de 5 a 10 minutos adicionales en alcanzar su temperatura óptima.

Unas condiciones más adecuadas para un motor térmico tienen lugar en conducción a velocidades medias mantenidas de entre 90 y 130 km/h y a la temperatura normal de servicio. Así el sistema de lubricación y de alimentación dan lo mejor de sí, y las dimensiones del motor están más acordes con la potencia entregada.

¿Qué ocurre con el motor de combustión cuando el trayecto corto es lo habitual?

Los efectos negativos de los desplazamientos cortos en los motores térmicos son inevitables si los usuarios necesitan dar este tipo de uso al vehículo. Los trayectos de la casa al puesto de trabajo o al colegio de los hijos, seguido de diversas paradas para compras y gestiones, o el trabajo de vehículos profesionales de reparto, pueden hacer que al cabo de los años la mayoría de los kilómetros realizados por un vehículo hayan sido realizados fuera de las condiciones de funcionamiento óptimas del motor, dando lugar a un desgaste general superior al de una unidad que ha trabajado realizando casi todos sus kilómetros en carretera o autopista, así como un mayor riesgo de averías. Como deducimos de lo explicado anteriormente, un motor de combustión en estas circunstancias tiene una vida más corta debido a las condiciones de lubricación y un funcionamiento habitual en marchas cortas, con el consiguiente aumento de mantenimiento.

El motor eléctrico, en plenas capacidades desde el primer segundo

Debido a su principio de funcionamiento y características mecánicas, el motor eléctrico es totalmente inmune a los problemas que tiene un motor térmico en desplazamientos cortos. De la misma manera que el motor eléctrico de un ascensor o de cualquier otra aplicación,  el motor de un coche eléctrico está en plenas capacidades y está dispuesto desde el primer instante a funcionar a pleno rendimiento, especialmente en desplazamientos cortos y a baja velocidad, no necesitando ningún periodo de calentamiento.

Del mismo modo que el coche eléctrico reconoce que en viajes largos a alta velocidad no se encuentra aún en su mejor ámbito, el motor térmico puede no ser la solución óptima para el desplazamiento ciudadano una vez el eléctrico ha llegado.

Imagenes| Media Renault

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