Por qué es tan importante probar un coche eléctrico

«Conducir un coche eléctrico te genera el sentimiento de ser un pionero en una tecnología que dominará las carreteras pronto y que nos beneficia a todos»

Poco a poco la movilidad eléctrica está dejando de ser algo desconocido para la sociedad. Los coches eléctricos están comenzando a dejarse ver por nuestras calles, haciendo que la gente deje de tener la percepción de que son algo raro. Cada vez más gente conoce sus beneficios y están seguros de que serán los dominadores de las calles en el futuro. Pero sigue sin ser suficiente.

A la hora de la verdad, el desconocimiento acerca de esta tecnología sigue siendo grande. Y no hablo de su existencia, sino de sus pormenores. Por norma general, la gente no sabe dónde se puede cargar un coche eléctrico, cuánto cuesta o cuánto tarda en cargarse. Que los coches eléctricos no tienen marchas o que su mantenimiento es mucho menor que uno de combustión también son temas desconocidos. Por no hablar del placer de conducción, protagonizado por la absoluta suavidad y la ausencia de ruido y vibraciones.

Es por eso que creo que probar un coche eléctrico es muy importante. Y así lo he podido comprobar durante las dos semanas que he disfrutado de un Renault ZOE.

Primeros pasos en un coche eléctrico

Cuando ves el Renault ZOE por fuera lo cierto es que ves un coche con un diseño muy bonito -para gustos los colores- y muy sobrio. Lo que más sorprende es que no es fácil reconocer que sea un coche eléctrico si no lo ves en marcha o eres aficionado a los coches. Salvo por la maravillosa ausencia de tubo de escape, claro.

Una vez dentro, no se aprecian grandes diferencias respecto a otros coches de Renault. La principal diferencia viene cuando pulsamos el botón Start-¿Ya está arrancado?- Me preguntaban algunos de los que han tenido ocasión de montarse. -Así es- les contestaba yo. Pero eso tampoco era lo más sorprendente para ellos.

Lo cierto es que yo también ayudaba a que la primera impresión fuese perfecta. En estas ocasiones, apagar la radio te hace ganar algunos puntos, para que la sensación de silencio sea absoluta. Acto seguido, pisar el acelerador y ver como el coche empieza a “deslizarse” por la carretera, dejando a su paso un pequeño silbido eléctrico. –Qué pasada, no se oye nada. Parece que vamos flotando– decían los acompañantes.

La experiencia de conducción, difícil de superar

La experiencia de conducción cambia completamente en el caso de un coche eléctrico. Empezando por que el coche se prolonga hasta nuestro smartphone a través de la app My Z.E. Online, desde donde podemos controlar el nivel la carga, la autonomía restante e incluso activar el climatizador. Tanto en verano como en invierno, es posible preclimatizar el coche de forma remota. Una aplicación que por cierto me ha parecido altamente recomendable.

Respecto a la conducción en sí, también puedo decir que la experiencia cambia bastante respecto a un coche de combustión. Lo más sorprendente es claramente la suavidad, el silencio y la ausencia de vibraciones. Es todo más lineal, no hay tirones. Definitivamente, es mucho más cómodo.

Además, conducir un coche eléctrico me ha permitido tener una mayor conciencia acerca de la energía que gastamos en la conducción. Si eres hábil con el freno regenerativo se pueden conseguir consumos realmente bajos, aumentando significativamente la autonomía del coche. Algo que te hace conducir de una forma más suave y previsora, evitando aceleremos y frenazos que lo único que hacen es empeorar la eficiencia del trayecto.

Donde el coche eléctrico no tiene rival es en la conducción urbana. En mi caso, rara vez utilizo mi coche de combustión para ir al centro de la ciudad. Pero la verdad es que hacerlo en coche eléctrico es mucho más cómodo y da mucha menos pereza. Y además con la conciencia tranquila de no estar contribuyendo a contaminar la ciudad ni acústicamente ni atmosféricamente.

No conozco a nadie que le gusten los atascos, pero desde mi experiencia personal puedo decir que con un coche eléctrico se afrontan de otra manera. Es todo más tranquilo y sosegado: no hay que jugar con la palanca de cambios, ni acelerar, embragar ni frenar continuamente. Basta con usar suavemente el pedal del acelerador y adelantarse a los acontecimientos. Por si fuera poco, el coche ni sufre mecánicamente ni gasta más energía, todo lo contrario.

Definitivamente, ir al trabajo en coche eléctrico es una buena forma de empezar la jornada laboral.

Si no te conquista por una cosa, lo hará por otra

Durante estas dos semanas también he comprobado cómo la movilidad eléctrica tiene virtudes para convencer a prácticamente la totalidad de conductores.

Para aquella gente que conduce por obligación y que no disfruta de la conducción, se trata del coche perfecto. Conducir un Renault ZOE es algo realmente sencillo y relajado y en ese sentido supera con creces a los coches de combustión.

Para aquella gente a la que les pesa más el pie derecho y les gusta pisar un poco más el acelerador, el coche eléctrico también tiene mucho que ofrecer. Gracias al par instantáneo del motor eléctrico, el Renault ZOE te permite ser el rey de los semáforos y el más ágil de la ciudad. Con solo 90 CV de potencia, son muchas las personas que me han dicho sorprendidos –guau, cómo acelera-.

Para aquellas personas que recorren muchos kilómetros al año -con el gasto económico que ello supone- también es un coche muy atractivo. Ya hemos visto como mucha gente consigue importantes ahorros con un coche eléctrico y de hecho también os hemos ofrecido una herramienta para saber si el coche eléctrico te sale rentable o no. Cuando les dices que es posible recorrer 100 kilómetros con poco más de un euro, la gente se queda realmente sorprendida.

Conclusiones

Lo cierto es que no era la primera vez que probaba un coche eléctrico, aunque sí la primera vez que lo he podido probar en profundidad. En las dos semanas con el Renault ZOE me ha dado tiempo a tener la sensación de ser su propietario.

También me gustaría resaltar que conducir un coche eléctrico te genera el sentimiento de ser un pionero en una tecnología que dominará las carreteras pronto y que nos beneficia a todos. Algo que te permite dar a conocer esta tecnología a la gente de tu entorno y que en mi caso me resulta muy satisfactorio.

Yo ya era un convencido de la movilidad eléctrica antes de esta prueba y de hecho llevo ya mucho tiempo divulgando sus beneficios tanto por internet como a la gente que me rodea. Pero lo cierto es que después de estas dos semanas el Renault ZOE 40 me ha demostrado que es un coche que se adapta perfectamente a mis necesidades y con el que no he tenido que cambiar mi rutina diaria ni perder mi comodidad. Los 300 kilómetros de autonomía reales son más que suficientes en mi caso.

¿Lo peor? Tener que devolverlo. Definitivamente, lo echaré de menos.

Si quieres probar un Renault ZOE, solicita una prueba aquí.

 

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