Así fue el primer coche eléctrico: recorrido por la historia de una tecnología con más de cien años

No hay duda de que la movilidad eléctrica es un tema de actualidad, sin embargo, el coche eléctrico fue uno de los primeros automóviles que se desarrolló en el siglo XIX

En estos últimos años la movilidad eléctrica no solo ha entrado en nuestras vidas sino que comienza a percibirse como normal y corriente. Cada vez, los coches eléctricos tienen más repercusión en medios de comunicación por su vertiente ecológica y de innovación, y cada vez es más habitual encontrarse uno por la calle gracias a unas ventas que no paran de subir. Las cifras lo avalan: solo en 2015 se vendieron alrededor de 550.000 coches eléctricos en el planeta y según la Agencia Internacional de la Energía ya hay más de un millón en todo el mundo. No hay ninguna duda de que la movilidad eléctrica es un tema de actualidad.

Sin embargo, cuando hablamos de coches eléctricos da la sensación de que estamos hablando de una tecnología muy moderna que no lleva más que un puñado de años entre nosotros. No obstante, esto no es así, ya que hubo un tiempo en el que los coches eléctricos fueron muy populares.

El coche eléctrico fue uno de los primeros automóviles que se desarrolló y gracias a él se empezaron a dejar de lado los carros tirados por caballos en el siglo XIX. Esto, a su vez, ocurrió antes de que Rudolf Diesel y Nicolaus Otto cambiaran para siempre el mundo del automóvil con la llegada de los motores de combustión de cuatro tiempos.

Nacimiento del coche eléctrico

Allá por la década de 1830, Robert Anderson inventó lo que se puede considerar como el primer vehículo eléctrico. Un carruaje que se movía gracias a la electricidad acumulada en unas pilas que por aquel momento ni siquiera eran recargables. Una máquina que no tenía una gran utilidad, pero que sentaba las bases de lo que serían los primeros coches eléctricos.

No fue hasta 1880 cuando comenzaron a aparecer las primeras baterías recargables, y con ellas llegó el auge de los coches eléctricos. Uno de los precursores de los primeros coches eléctricos recargables fue Thomas Parker, quien introdujo importantes mejoras en las baterías de plomo-ácido de la época. Fabricó varios prototipos de vehículos eléctricos entre 1884 y 1887, registrando multitud de patentes relacionadas con su equipamiento.

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Un desfile de la Jamais Contente en 1899

Los coches eléctricos de aquella época ya demostraban un gran rendimiento, llegando a hacerse famosos por romper récords. En 1899 La Jamais Contente fue el primer vehículo de carretera en alcanzar los 100 km/h. Lo hizo con una propulsión 100% eléctrica y una aerodinámica con forma de torpedo.

Para 1900 ya eran los coches que más se vendían, por encima de las alternativas de vapor o de gasolina. Incluso grandes inventores como Thomas Alva Edison entraron en el mercado de la fabricación de coches eléctricos. Edison introdujo las baterías recargables de níquel-hierro, consiguiendo más autonomía y mejores prestaciones.

Hay que tener en cuenta que por aquel entonces los coches de combustión no eran tan refinados como lo son ahora. Eran coches sucios, ruidosos, olían mal, requerían cambiar de marcha y una cosa muy importante: necesitaban de una manivela para poder arrancar. Unas incomodidades que no gustaban a las clases altas de la sociedad, principales usuarios de estos coches.

Declive: El coche eléctrico cayó en el olvido

Los coches eléctricos de aquella época no tenían unas grandes prestaciones. Un coche eléctrico corriente no pasaba de los 20 km/h y tenía una autonomía limitada a 50 km. Sin embargo eran unas prestaciones más que suficientes para el uso que se les daba. Las carreteras de aquellos tiempos o no existían, o dejaban mucho que desear, por lo que nadie pretendía hacer un viaje de 500 kilómetros en coche.

El principal motivo de que el coche eléctrico cayera en el olvido fue la invención del motor de arranque. Sí, paradojas de la vida, fue un motor de combustión quien empujó al coche eléctrico al olvido.

Sucedió allá por 1912, con la llegada del visionario Henry Ford y la producción en cadena, la popularización de la gasolina con precios muchos más asequibles y la construcción de nuevas y mejores carreteras.

A partir de entonces, los coches eléctricos prácticamente desaparecieron, hasta que la necesidad (debido a las crisis del petróleo) y una creciente conciencia ecológica hicieron que volvieran a aparecer algunos tímidos intentos sin demasiado éxito. Un claro ejemplo es el General Motors EV-1, un coche lanzado en 1996 que tuvo un gran éxito pero que acabó siendo retirado del mercado.

El primer prototipo del Renault ZOE llegó en el año 2005, denominado Renault ZOE City Car. Todavía se trataba de un concepto con motor de combustión, pero adelantaba el rasgo urbanita del coche eléctrico del que iba a ser predecesor. Para el año 2009 conocimos al ZOE Concept, esta vez sí con propulsión íntegramente eléctrica. Solo un año más tarde se conoció el que ya estaba muy cerca de ser la versión comercial, el Renault ZOE Preview. Un coche que dio paso al lanzamiento de la versión comercial en 2012.

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Resurgir: El coche eléctrico ha vuelto para quedarse

Los coches eléctricos son una tecnología que está en periodo de normalización. Ya no son solo los early adopters los que se deciden por un eléctrico, sino que comienza a calar en numerosas familias. La autonomía de los coches eléctricos cumple con el 90% de las necesidades de los conductores. Además, lo hace con un menor coste operativo, con un mayor confort.

La llegada del coche eléctrico responde a la necesidad de reducir la dependencia del petróleo y con ello las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático. Prácticamente todos los fabricantes tradicionales de coches tienen su apuesta eléctrica en el mercado, por no hablar de las nuevas empresas que están apareciendo con la comercialización de un coche eléctrico en el horizonte.

En definitiva, estamos ante el resurgir del coche eléctrico. Cada vez está más claro que el futuro de la movilidad pasa por el coche eléctrico. Un futuro al que algunos países como Noruega ya se están adelantando, con una cuota de mercado superior al 17%.

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