Ya tengo LED en mi casa. ¿Qué es lo siguiente para hacerla eficiente?

Son muchas las pequeñas medidas que podemos llevar a cabo para hacer nuestra casa más eficiente.

Cambiar las bombillas incandescentes por lámparas de bajo consumo, como las LED, es quizás el primer paso que todos damos en nuestro afán por ahorrar energía y cuidar un poco del medioambiente. Lo malo es que a menudo nuestras buenas intenciones se quedan ahí, y hay muchas más cosas que podemos hacer en nuestro hogar para ser energéticamente eficientes. Incluso con poca obra y sin muchas complicaciones.

El hogar, el gran consumidor de energía

Si has comprado una vivienda recientemente, o estás pensando en hacerlo, sabrás que existe una etiqueta energética necesaria para comercializar inmuebles (obligatorio desde 2013). Quizás sepas también que incluso existe un Código Técnico de Edificación (CTE) para nuevas viviendas, en vigor en Europa desde 2007. La finalidad de ambos certificados, implantados por las autoridades comunitarias, es alcanzar el Objetivo Europeo 20-20-20 para las viviendas de en 2020: aportar un 20% de energía renovable en los edificios, reducir un 20% en sus emisiones de CO2, y otro 20% de consumo de energía.

Para que os hagáis una idea de la situación, España tiene 26 millones de viviendas, de las cuales 15 millones tienen más de 30 años y otros 6 millones tienen más de 50. De todas ellas, el 43% ha obtenido la etiqueta de eficiencia energética G, la de menor calificación, y sólo un 5% ha obtenido algunas de las etiquetas A, B, C o D.

No es un tema baladí, pues una vivienda con una buena eficiencia energética permite ahorrar hasta un 40% de energía. Sin embargo, los españoles a diferencia de lo que nos ocurre con los coches o los electrodomésticos, damos una importancia secundaria a la eficiencia energética de las viviendas que compramos o alquilamos. Por suerte, para los más concienciados hay muchas medidas de eficiencia que podemos realizar nosotros mismos.

Detecta las fugas de aire

El aislamiento es uno de los factores que más influyen en el consumo del hogar. La calefacción y el aire acondicionado consumen entre el 30% y el 50% del total de la energía consumida por un hogar. Con un buen aislamiento, podemos llegar a reducir el consumo de estos aparatos hasta en un 60%, y ahorrarnos hasta 1.000€ al año.

Para detectar posibles fugas o filtraciones, podemos hacer como en las películas (sí, lo has adivinado) y situar una vela en las zonas más problemáticas. Si la llama oscila, habremos detectado una fuga y podremos sellarlo con silicona o burletes.

Las puertas y sobre todo las ventanas son los puntos más débiles en el aislamiento de un edificio. Si detectamos que existen fugas o si simplemente queremos mejorar la capacidad de aislamiento de estos puntos, podemos usar burletes y bajopuertas para cubrir los huecos. Los hay de muchas formas y materiales y todas ellas son sencillas de instalar.

Burlete

Mejora el aislamiento térmico de las ventanas

En ocasiones el problema no es de filtraciones sino del propio aislamiento de las ventanas. Para ello podemos usar láminas solares adhesivas sobre los cristales. Los podemos encontrar para protección solar, para aislamiento e incluso en espejo que, además de favorecer el aislamiento, nos confiere mayor intimidad.

Pero si queremos ir un paso más allá, podemos sustituir nuestras ventanas por unas con una mayor calificación energética, que tengan rotura de puente térmico y doble cristal, fundamental para que el calor y el frío del hogar no se escape y usemos menos nuestros aparatos de climatización.

Protege tus ventanas con persianas, toldos o voladizos

Para controlar las ganancias solares de puertas y ventanas, podemos usar elementos como voladizos, marquesinas, toldos o sistemas móviles de lamas orientables. Ten en cuenta que cuanto más exterior o alejado de la fachada esté el elemento, más protección nos dará.

Si optas por un toldo, escoge una lona gruesa, de calidad y –si puedes elegir, pues a menudo depende de la comunidad de vecinos– de color claro. Por el contrario, si optas por un sistema de lamas, colócalas en horizontal si la ventana está orientado al sur (pues el sol nos llegará en vertical) y en vertical si la ventana está orientada hacia el este o el oeste.

En cualquiera de los casos, un truco básico adicional es bajar las persianas lo que se pueda para evitar algo de calor y luminosidad. ¡Pero lo justo para que no tengas que encender la luz!

¡También con árboles y plantas!

Si tienes jardín o la posibilidad de plantar macetas, puedes usar también árboles, arbustos altos o plantas enredaderas para proteger tu fachada y ventanas del sol. Pero asegúrate de que sean de hoja caduca: en otoño perderán sus hojas y no restarán luminosidad y calor en invierno.

Las plantas tienen una utilidad adicional muy práctica. Especies como la areca, la sansiviera o el poto colocados en el interior de tu hogar, ayudan a eliminar CO2, formaldehidos y compuestos orgánicos volátiles, reduciendo así las necesidades de ventilación. Si podemos reducir el volumen de aire a renovar para mantener la calidad del aire, reducimos las pérdidas propias de dicha ventilación. Puedes conseguir ahorros energéticos globales de hasta un 15%.

Pinta tu fachada de colores claros u oscuros

El color de la fachada influye directamente en el mecanismo de intercambio energético entre la vivienda y el exterior. Los colores claros facilitan la reflexión de la luz solar y ayudan a repeler el calor. Por el contrario, los colores oscuros facilitan la captación del calor. Aunque lo óptimo es que pudieras cambiar el color en cada verano e invierno, resulta poco práctico y a la larga debes escoger por una cosa u otra en función de si vives en una zona más calurosa o fresca de lo habitual.

Ahorra en agua

Aunque en general es una cuestión de nuestro propio hábito a la hora de ducharnos o fregar los platos (además de colocar en los WC sistemas de doble pulsador para la descarga parcial de la cisterna), tenemos que tener en cuenta que se desperdicia mucha agua y energía al abrir el grifo del agua caliente. Para tratar de ahorrar, es aconsejable que instalemos sistemas de acumulación de agua caliente, más eficientes que los de producción instantánea, y en baños y cocinas grifos monomandos, con mayor eficiencia que los independientes para el agua fría y la caliente.

Escoge la tarifa de electricidad adecuada

Existe una gran variedad de tarifas disponibles en el mercado, y tratar de repasarlas todas daría para un artículo aparte. Pero básicamente debes pensar qué necesidades reales de consumo de electricidad y en qué momentos del día, y una vez identificadas estas cuestiones, tratar de ver qué modalidad te conviene más y qué posibilidades de descuentos tienes.

Así, si pasas el día fuera de casa, probablemente tendrás tus mayores necesidades de luz durante la noche y te vendría mejor una tarifa con discriminación horaria, como ya hacen los propietarios de coches eléctricos.

Escoge el sistema de calefacción adecuado

Porque cada persona y familia tiene costumbres y necesidades distintas, lo que para uno es más eficiente para otro podría no serlo. Independientemente de la fuente de energía que uses (lo ideal sería renovable, pero el gas natural es una buena opción frente al propano o al butano), debes saber que las calderas de condensación son más eficientes y permiten reducir el consumo de energía en un 20%. Pero si tienes contratada una tarifa de la luz con discriminación horaria, quizás lo más eficiente sería un acumulador de calor que te permita acumular calor durante la noche y utilizarlo durante el día.

Escoge electrodomésticos con buena eficiencia energética

Ya os hemos hablado de las etiquetas de eficiencia energética de los electrodomésticos, pero básicamente debes saber que un electrodoméstico con buena certificación no sólo ayuda al medioambiente, sino también a nuestro bolsillo. Aunque éstos sean más caros que los de menor calificación, la diferencia de precio se compensa a medio plazo con el ahorro de consumo de luz que permiten.

Cambia tus propios hábitos

Sin duda nosotros mismos somos culpables de buena parte del derroche energético que se produce en nuestro hogar. El error más frecuente que cometemos es exprimiendo al máximo nuestra calefacción y aire acondicionado, cuando una diferencia de 1ºC puede suponer un ahorro de entre un 5% y un 10% y de unos 300 kg de emisiones de CO2 por hogar y año. Una temperatura en la calefacción de 20º en invierno y en el aire acondicionado de 25º en verano es más que suficiente.

Otros hábitos que deberíamos cambiar es no abusar de las luces encendidas y aprovechar al máximo la luz solar, no dejar los electrodomésticos en stand-by sino apagarlos totalmente, etc.

 

Imágenes| Unsplush

 

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