Baños de bosque, aprendiendo a acabar con el estrés en contacto con la naturaleza

La presencia del hombre en el mundo natural durante siglos le ha marcado biológicamente. Los japoneses practican el "shinrin-yoku" como terapia del bosque

Si la terapia forestal arraigara en nuestras costumbres tanto como lo ha hecho en Japón tal vez los médicos acabarían recomendando a sus pacientes más estresados un paseo por el bosque. O a los hipertensos, los depresivos y todo aquel que quiera mejorar su sistema inmune. Diversos estudios ya han demostrado que pasear entre árboles tiene estos beneficios sobre la salud física y mental.

Una cultura que venera a los árboles

Cerezos en Japón

En 1982 la Agencia Forestal de Japón acuñó el término shinrin-yoku: “absorber la atmósfera del bosque”. Gran parte de los bosques del país se convirtieron a partir de ese momento en centros terapéuticos. Por ellos pasean meditativamente unos dos millones y medio de japoneses al año. Ellos, que ya veneraban los árboles hace siglos: para el shintoísmo (religión autóctona del país) los árboles, como cualquier elemento de la naturaleza, son sagrados y las arboledas, santuarios en los que venerar a los kami, los espíritus del mundo natural.

El budismo también ha influido en el desarrollo de esta forma de meditación. Fue bajo un ficus religiosa (el árbol de Bodhi) donde Siddhartha Gautama se convirtió en Buda, al alcanzar el nirvana y comprender las cuatro nobles verdades que sustentan esta religión, tan presente en Japón. La terapia forestal no pretende que quien se beneficia de ella alcance un estado de iluminación ni tienen tanto que ver con la espiritualidad.

Apela sobre todo a nuestra condición de seres naturales: somos más salvajes que urbanitas. Teniendo en cuenta los años que llevamos viviendo en las ciudades, se puede afirmar que hemos pasado el 99,9 % de nuestra evolución conviviendo con los seres vegetales.

Así lo afirma Yoshifumi Miyazaki, uno de los científicos cuyos estudios han impulsado más esta práctica y una eminencia en la materia. Pasear por el bosque es, de alguna forma, volver a casa. Recuperar la esencia y retornar al que durante tanto tiempo ha sido el hábitat natural del ser humano.

Una terapia al alcance de todos

Bosque bambú Japón

“Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza.”
Jean-Jacques Rousseau

Cualquiera que haya pasado un día en el monte sabe que respirar aire puro y estar en contacto con la naturaleza siempre sienta bien. El ejercicio físico es un gran liberador de dopamina, la hormona de la felicidad. Sustituir el gris de la ciudad por el verde de los árboles ayuda a desconectar de la rutina, favoreciendo un estado de ánimo más alegre.

Las bondades del shinrin-yoku se basan en que si este contacto es más profundo, más consciente a nivel sensorial, los beneficios pueden ir más allá de esa sensación de bienestar. No es un ejercicio vacío de sentido, al contrario. Se camina siendo consciente de lo que se percibe a nivel sensorial e incluso practicando la sinestesia: respirando el aroma del verde, escuchando el sonido que el viento hace al moverlas. Apreciando cómo la luz se filtra a través de ellas; es ese efecto luminoso para el que los japoneses tienen un vocablo específico: komorebi. Sintiendo la edad de los árboles en su corteza.

Es una oportunidad para aplicar la teoría del mindfulness, que sólo importa el aquí y el ahora. La terapia forestal está intimamente ligada a la meditación: se llega a ella de forma natural, mediante la observación. En la práctica oficial de la terapia de bosques es un guía o terapeuta el que marca el ritmo de los pacientes, invitándoles a interactuar con el bosque a través de sus sentidos, indicando en qué deben fijarse. Ayudándoles a sincronizar su ritmo con el de la naturaleza.

Este parece ser el quid de la cuestión. La presencia del hombre en el mundo natural durante siglos le ha marcado biológicamente. Mantenía una sincronía con la naturaleza pero al cambiarla por la ciudad, se desconectó de ella. Por eso hay quien habla de Trastorno por Déficit de Naturaleza como uno de los males que afectan al hombre del siglo XXI. Pero no es algo que no se pueda practicar sin ayuda: con la suficiente información es posible iniciarse en esta actividad (sólo se necesita un bosque o un gran jardín o parque urbano y una actitud receptiva) y después probar con una práctica más profunda y guiada, si se desea.

Los beneficios del shinrin-yoku en la salud

Komorebi

La comunidad científica japonesa lleva tiempo investigando sobre los beneficios de los baños de bosque sobre la salud. Es a Yoshifumi Miyazaki a quien se le debe gran parte de esta investigación. Él y su equipo descubrieron, midiendo la concentración de cortisol (la hormana del estrés) en saliva y la presión arterial antes y después del baño, que el shinrin-yoku actúa positivamente sobre la ansiedad y el estrés y disminuye la presión arterial.

El cerebro también recibe su recompensa, en forma de liberación de neurotransmisores. El paseo ayuda a desconectar, literalmente, ya que disminuye la actividad en el córtex prefrontal (responsable de actividades cognitivas como tomar decisiones) y aumenta la de las zonas relacionadas con la pura satisfacción, con la búsqueda de emociones y de placer. Por eso la terapia forestal también está indicada en casos de personas depresivas. Y como método preventivo: se tiene constancia de que un alejamiento de la naturaleza provoca un aumento de enfermedades coronarias y respiratorias de una población.

De hecho, según el informe “Baños de bosque: una propuesta de salud” publicado por el Observatorio de Salud y Medio Ambiente del Instituto DKV de Vida Saludable, la presencia arbórea en las ciudades ayuda a disminuir la morbilidad; esto es, la cantidad de personas que enferman a un tiempo, en un mismo lugar.

Y es que los árboles tienen un efecto muy positivo sobre el sistema inmune, como han demostrado investigadores japones como el inmunólogo Qing Li. Al parecer, las fitoncidas (unos compuestos volátiles presentes en los árboles) ayudan a aumentar la actividad de las células natural killers: las aliadas del organismo para luchar contra el cáncer. Los árboles tienen, según Li, un efecto antimicrobiano que aumenta la capacidad de inmunidad del organismo.

El baño de bosque, en la práctica

Terapia de bosques

Aumentar los espacios verdes en las ciudades podría ayudar a prevenir ciertas patologías. De entrada, porque al limpiar la atmósfera favorecen un aire más limpio y puro. Pero también para aliviar a la sociedad urbanita de sus males más frecuentes: el estrés, el síndrome de burn-out y la depresión.
En Suecia instalaron para tal fin un jardín en la Swedish University of Agricultural Sciences: el Alnarp Rehabilitation Garden, donde además de disfrutar de las maravillas naturales, se aplican terapias de horticultura y de ocupación para aliviar el estrés y tener una buena salud física y mental.

En España también se practica la terapia de bosques de manera guiada, con terapeutas certificados. El Alto Valle del Nante en Cantabria es una ubicación privilegiada para tomar un buen baño verde. En Nansanatural proponen un taller de relajación en la naturaleza de seis horas, además de actividades para conocer el terreno, sus tradiciones y su gastronomía. En Shinrin-Yoku Barcelona, sus guías invitan a meditar entre los árboles del Parc Natural de la Serra de Collserona. Bosques no faltan; tampoco experiencias con las que combinar esta terapia, como la Senda del Oso en Asturias o la ruta que invita a maravillarse con el milenario ejemplar de tejo de Barondillo, en el Valle del Lozoya (Madrid).

La terapia forestal está ganando cada vez más adeptos en todo el mundo occidental, conscientes de que los orientales siempre parecen conocer el secreto para una vida larga y saludable. Sólo un ejemplo: Ogimi (Okinawa) ostenta el récord de ser el pueblo con habitantes más longevos del mundo.

Fotos | iStock/lolostock, iStock/Itsaret, iStock/SeanPavonePhoto, iStock/blew_iiStock/herraez

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