¿Por qué cada vez hay más episodios de contaminación en nuestras ciudades?

Los protocolos de medidas anticontaminación son cada vez más frecuentes debido a que el cielo sobre las ciudades cada vez se contamina más rápido

Quienes vivan en ciudades grandes que tengan serios problemas con la contaminación de su aire, como Madrid o Barcelona, habrán notado que es cada vez más frecuente la activación de los protocolos de medidas anticontaminación. Estos se activan durante varios días, en ocasiones semanas enteras, y están ganando cierta “inercia”.

Hace pocas semanas, los protocolos para luchar contra los peligrosos niveles de contaminación en la ciudad de Madrid se activaron durante dos fines de semana seguidos (noticia, noticia), algo que es probable vuelva a suceder de nuevo en pocas semanas. En el segundo enlace puede leerse como encabezado que «es la segunda vez en 10 días que se activa este nivel por altos niveles de NO2». ¿Por qué cada vez hay más episodios de contaminación en nuestras ciudades?

Los protocolos de contaminación, una medida reactiva que no resuelve el problema de base

Los protocolos de contaminación son una medida reactiva y necesaria de gran importancia que afecta a ciudades completas cuando estas superan un elevado nivel de contaminación. Para evitar que nuestra salud se resienta en demasía, se establecen una serie de pautas para disminuir determinados compuestos en la atmósfera, como el CO, CO2, NO, NO2, y otros.

La prohibición de circular en el interior del núcleo urbano haciendo uso de vehículos térmicos, o reducir la velocidad en determinadas zonas, son medidas tomadas por algunos ayuntamientos (abajo, el caso de la ciudad de Madrid). Sin embargo, estos protocolos no solucionan el problema de la contaminación, ya que su mecanismo es esperar a que el problema sea menos grave en un punto determinado (bajo la ciudad).

Los protocolos de contaminación, una medida reactiva que no resuelve el problema de base

Los protocolos anticontaminación no limpian la contaminación de la atmósfera de ninguna manera, sino que se limitan a que los gases de efecto invernadero (GEI) se diluyan lo suficiente en la ciudad como para que baje su toxicidad. Esto hace que la atmósfera global siga ganando partículas contaminantes, por lo que cada vez es más complicado su disolución en el conjunto.

Un experimento que puede hacerse en casa es coger un barreño lleno de agua y echar sobre él una gota de otro líquido soluble (café, zumo, leche…). Durante unos segundos, este líquido coloreado será visible, habrá “contaminado” una limitada zona del barreño que representa nuestra ciudad. Pero si esperamos lo suficiente sin echar más gotas (protocolo anticontaminación activado), parecerá haber desaparecido. A medida que seguimos echando cada vez es más palpable que lo arrojado con anterioridad no ha desaparecido, sino que se ha disuelto en el total. Y cada vez es más difícil que el color desaparezca si seguimos vertiendo más líquido.

Eso es lo que le está pasando con nuestra atmósfera. Aunque nuestras emisiones no suban drásticamente, cada vez es más fácil alcanzar niveles preocupantes de toxicidad porque no estamos dando tiempo a los sumideros de carbono, nitrógeno y metales pesados (bosques, océanos) a absorber el excedente. Además, la inversión térmica no ayuda.

¿Por qué cada vez hay una mayor inversión térmica en las ciudades?

Cuando explicamos el motivo tras los protocolos de contaminación en Madrid comentamos qué suponía la inversión térmica sobre las ciudades. Este fenómeno, generado por una capa de aire caliente sobre la ciudad debido a, entre otras causas, cómo los gases de efecto invernadero elevan la temperatura sobre las mismas, hace que se genere una burbuja de aire frío sobre la ciudad:

¿Por qué cada vez hay más inversión térmica en las ciudades?

Los gases de efecto invernadero quedan entonces atrapados dentro del aire frío, y no llegan a escapar de esta burbuja, visible desde la distancia como la boina de smog sobre las urbes. Como consecuencia de ello, una vez los vehículos térmicos y los sistemas de climatización vierten GEI a la atmósfera, estas partículas quedan prisioneras a nivel de calle. A esto se suman varios problemas añadidos:

  1. Uno de ellos es que estamos calentando en demasía la capa de aire sobre las ciudades. La construcción del siglo XX, muy alejada de la vegetación urbana, ha generado grandes superficies en las que es complicado desalojar el exceso de temperatura, generándose el efecto isla de calor. Este efecto repercute también a la boina, facilitando la retención de GEI bajo ella.
  2. La temperatura atmosférica, en general, está ascendiendo, cambiando lo suficiente el comportamiento del clima mundial y disminuyendo las lluvias en algunas ciudades, como en Madrid. La lluvia ayuda a la difusión local de GEI, y sin ella los episodios de contaminación duran más.
  3. Con la llegada del invierno, la atmósfera que rodea las ciudades reduce ligeramente su temperatura, creando una diferencia aún más grande entre la temperatura sobre la boina y en el exterior de la misma, acrecentando todavía más la retención de GEI. Además, es en invierno cuando más hacemos uso del gas natural para calefactar nuestras viviendas, algo que no ayuda.

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La movilidad limpia crece de manera exponencial, pero diesel y gasolina lo hacen más en números absolutos

Prácticamente cada mes se vuelven a superar las matriculaciones de vehículos eléctricos o híbridos. Debido a los beneficios que tiene una conducción 100% eléctrica en ciudad, estos últimos suelen conducir en ese modo en entornos urbanos. Sin embargo, a pesar de que el vehículo eléctrico sigue creciendo de manera exponencial, países como el nuestro todavía están muy lejos de tasas de venta como las que vemos en países nórdicos.

Es por eso que, pese a la gran demanda de vehículos eléctricos, se siguen vendiendo más motores térmicos. Esto último hace que cada día haya más tubos de escape emitiendo GEI en nuestras ciudades, y de seguir esta tendencia serán necesarias varias décadas hasta que la movilidad urbana sea 100% eléctrica y sostenible.

Aunque en números absolutos los vehículos térmicos sigan vendiéndose más, una comparación del mercado demuestra que cada vez se venden menos vehículos térmicos por habitante, mientras que los vehículos eléctricos crecen mucho. Ambas curvas se encontrarán dentro de unos años, y la movilidad pasará a ser entonces 50% eléctrica en su conquista del mercado.

Teniendo en cuenta esto, más todo lo que hemos comentado hasta ahora en el artículo, hace que cada día sea más fácil alcanzar el límite que hace saltar los protocolos anticontaminación.

¿Cómo evitamos los protocolos anticontaminación?

¿Cómo evitamos los protocolos anticontaminación?

En el artículo En el año de los grandes huracanes, ¿somos más sensibles al cambio climático? hablábamos al final del mismo sobre las diferentes alternativas que tenemos los ciudadanos para devolver a la atmósfera unos niveles óptimos de GEI. De cara a los entornos urbanos, hablamos de convertir nuestra ciudad en una smart city gracias a la participación ciudadana.

Esta puede ser tan “simple” como eliminar el gas de nuestra vivienda de modo que en invierno la calefacción provenga de radiadores eléctricos alimentados con energía limpia de parques eólicos o solares, llevando nuestro hogar más cerca de las Passive Houses.

La inversión en un vehículo eléctrico que no emita partículas a la atmósfera es una de las soluciones que más GEI retira de la atmósfera, y cada hogar ha de hacer las cuentas de cómo de rentable puede ser de cara a su economía doméstica.

 

Los protocolos de medidas anticontaminación se disparan mucho después de que resulte peligroso respirar la atmósfera de la ciudad, y desde distintas instituciones europeas se insta y presiona para que ciudades como Londres, París, Barcelona, Madrid, etc, refuercen sus protocolos.

La atmósfera es uno de los pocos bienes compartidos por toda la humanidad. Respiras la el mismo aire que los habitantes de la ciudad de Beijing (Pekín), y estos la misma que los habitantes de California. Como todo bien compartido, es cosa de todos el mantenerlo en buenas condiciones, especialmente si se nos va la salud cuando no lo hacemos.

 

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Imágenes | iStock/MattGush, iStock/topotishka, Munimadrid, iStock/DragonImages

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