Particulas en suspensión o PM, CO2 y la calidad del aire

Por qué las PM importan más que el CO2 a la hora de medir la calidad del aire de tu ciudad

Las PM se relacionan con los motores diésel, pero los nuevos motores de gasolina también las emiten

Las palabras contaminación atmosférica se han popularizado debido a los graves problemas de salud pública que esta ha venido ocasionando en muchas grandes ciudades. La población es cada vez más consciente de las consecuencias negativas que acarrea. Sin embargo, entender en qué consiste ese peligro es algo más complejo. Por eso, es importante tener en cuenta de qué hablamos cuando hablamos de contaminación.

Contestar a esta cuestión implica conocer una serie de substancias nocivas para la salud y para el conjunto del ecosistema que proliferan en el aire urbano. El transporte aporta una proporción elevada que depende del punto del globo en el que nos situemos y del tipo de contaminante. Entre esos agentes que se derivan del transporte se encuentran las PM o Partículas en suspensión (particulate matter).

¿Qué son las PM?

Las denominadas PM no corresponden con una substancia en concreto, sino que bajo esas siglas se agrupan todo tipo de partículas sólidas o líquidas de hollín, ceniza, polvo, metálicas o incluso de polen. Estas influyen en la calidad del aire alterando la composición propia de la atmósfera. El nivel de partículas suele estar asociado con la presencia de las ya famosas boinas de contaminación, ofreciendo el impacto visual más característico de la polución que termina por manchar la piel de las ciudades.

En ese sentido, su presencia en el aire de la ciudad representa una amenaza sobre la salud mayor que la de otros gases como el dióxido de carbono (CO2). Este se ha venido utilizando como herramienta para cuantificar las emisiones y aplicar límites concretos a fabricantes o zonas geográficas.

Sin embargo, las PM suelen tener asociados efectos para la salud mucho más preocupantes. Algo similar ocurre con otros agentes como el ozono troposférico (O3), el dióxido de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2). De este modo, las PM son causa principal de aparición de asma, cáncer de pulmón, enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Además, poseen un efecto muy negativo sobre el feto durante el embarazo, pudiendo ocasionar nacimientos prematuros, bajo peso en recién nacidos e incluso defectos en el nacimiento.

Diferenciando las PM: PM10 y PM2,5

Para categorizarlas, las partículas en suspensión derivadas de la movilidad se clasifican por su tamaño:

  • PM10, de 10 micras (μm) de diámetro.
  • PM2,5, de menos de 2,5 micras (μm) de diámetro
  • PM1, de menos de 1 micra (μm) de diámetro
  • Partículas Ultrafinas o UFP, de menos de 0,1 micras (μm) de diámetro.

Las PM10 son, por tanto, las partículas “más grandes” y pueden llegar a ser entre 25 y 100 veces más delgadas que un cabello humano. Mientras que el inicio de la medición de las PM10 en las ciudades sí que se remonta algunas décadas atrás, no ocurre lo mismo con las PM2,5. Los estudios asociados a estas son más recientes y, de hecho, todavía existen muchas ciudades que no las tienen en cuenta a la hora de analizar su contaminación atmosférica.

particulas en suspensiónPor el contrario, la Organización Mundial de la Salud sí ha establecido unos límites para estas últimas: no han de superar los 10 μg/m3 como media anual o los 25 μg/m3 de media diaria de concentración. Los expertos también han advertido de la necesidad de cuantificar los niveles, no solo de PM10, sino también de PM2,5.

En 2015 las Universidades de Yale y Columbia señalaban que el 36% de los países no cumplen con los límites de PM2,5 en el transporte. De ahí el apremio por desarrollar herramientas de medición. Para esto se trabaja en los Centro de Políticas Medioambientales (YCELP) y el Centro Internacional de Información sobre las Ciencias de la Tierra (CIESIN) de las mencionadas universidades.

Las PM y los tubos de escape

Las motorizaciones térmicas convencionales son las principales responsables de las emisiones de PM10 y PM2,5 en el ámbito del transporte. Las partículas en suspensión poseen una situación única a la hora de diferenciar las tecnologías de propulsión más contaminantes.

Generalmente, son los motores de compresión diésel los principales responsables de la proliferación de las PM. Para combatirlas de forma parcial existen los filtros de partículas que atrapan gran parte del resultado de las combustión de los vehículos, evitando emisiones aún más nocivas.

Estos filtros han ido evolucionando para otorgar resultados más eficientes. Sin embargo, en la actualidad han tocado su techo tecnológico. No es posible fabricar filtros de partículas que den resultados mucho más eficaces para paliar las emisiones de los coches diésel.

Y no solo eso. Las motorizaciones alimentadas por gasolina no se caracterizaban por emitir este tipo de partículas. Sin embargo, la llegada en los últimos años de fórmulas industriales como el downsizing de los motores han provocado que también los nuevos motores de explosión se unan al grupo de propulsores que emiten PM… en cantidades aún más elevadas que el motor diésel. En la industria se está trabajando en la actualidad por revertir esta última y peligrosa tendencia con los motores.

Transporte y calidad del aire urbano

Como se puede comprobar, la situación con las partículas dista de ser sencilla. Por suerte, la calidad del aire se está convirtiendo en una prioridad de primer orden. De este modo, cada vez son más urbes las que analizan cómo combatir los episodios de contaminación. Esto incluye conocer y detectar de forma más eficiente las PM.

Además, dentro de la sociedad existe cada vez más concienciación. A esto está colaborando la llegada de nuevos instrumentos, propios de las smart cities, como la última funcionalidad de Google, que permite conocer la calidad del aire de la zona del planeta donde nos encontremos. Entre los datos que incluye Google también están el de las partículas en suspensión.

A la hora de afrontar un cambio significativo que destierre a las partículas en suspensión solo podemos hablar de movilidad eléctrica. El coche eléctrico es capaz de librarnos de este contaminante propio de los tubos de escape de las emisiones térmicas.

Imágenes | iStock/RossHelen e iStock/Toa55

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