Cultivar verduras en la ciudad en huertos urbanos tiene muchos beneficios

Cultivar verduras en tu ciudad tiene más beneficios de lo que esperabas

Los huertos urbanos reportan ventajas —más allá del autoabastecimiento— de las que todos los habitantes de la ciudad pueden beneficiarse

Vivir en una gran urbe como Madrid o Barcelona y convertirse en hortelano ya es posible. Los huertos urbanos han conseguido hacer de nuestras ciudades espacios más amables, en las que los habitantes tienen la oportunidad de practicar una actividad saludable y conectar con una forma de vida más natural. Pero no son estos los únicos beneficios de la agricultura ecológica urbana. Descubre todo lo que puede hacer por ti, por tu ciudad y por el medioambiente la pericultura urbana.

Los huertos urbanos: una tendencia en auge

Huerto en Alameda de Osuna

Los primeros ejemplos de pericultura urbana los encontramos entre los años 80 y 90, en Sevilla o Madrid. Entonces los espacios no estaban regulados, eran casi lugares ocupados. Hoy es el propio Ayuntamiento el que cede solares vacíos e incluso, en muchos casos, quien suministra el agua de forma gratuita. Son ya 17 los espacios comunitarios de cultivo que se gestionan en la capital, pero esperan acabar el año con casi cincuenta terrenos disponibles para la agricultura urbanas. En Barcelona, el plan urbanístico para aprovechar solares vacíos iniciado en 2012 ya ha dado lugar a 12 nuevos huertos.

Y en Sevilla, donde sigue activo el mítico Huerto de las Moreras después de casi 30 años de cultivo, se suman 13 más. Pero el objetivo es llegar a 31, ocupando así de vegetales, hortalizas y todo tipo de cultivos unas 48 hectáreas de la ciudad: la intención es que no quede un distrito de Sevilla sin huerto urbano comunitario.

En 2000, apenas se contabilizaban 1.000 de estos terrenos públicos de cultivo en toda España; en 2015, la cifra se había multiplicado hasta alcanzar los 15.000, según datos de la consultora Grupo de Estudios y Alternativas GEA 21. El verde va ganando terreno al asfalto. También ocupando un importante espacio con fines pedagógicos y de concienciación medioambiental en los colegios; los huertos escolares también están en auge. Incluso ayudan a los presos en su proceso de reinserción social y como parte de una formación medioambiental.

Cultivar tus propias verduras reporta ventajas —más allá del autoabastecimiento, la más inmediata— de las que todos los habitantes de la ciudad pueden beneficiarse. Porque estás contribuyendo a que el aire esté menos contaminado, a reducir la cantidad de residuos (especialmente plástico) y a promover una alimentación más sana entre todos, gracias a los grupos de consumo que surgen al abrigo de la práctica de la agricultura periurbana.

Beneficios para ti (y para todos)

Huertos en la ciudad

Un huerto es una oportunidad para practicar una forma de vida mucho más ecológica y no solo a la hora de sentarse a la mesa. Es vivir, alimentarse, producir… reduciendo el impacto sobre el medioambiente, aportando un pequeño grano de arena para paliar un problema —el de la contaminación— cada vez más alarmante. Es establecer vínculos y crear comunidad, en esta sociedad en la que parece que estamos cada vez más aislados. Es intentar preservar lo que hemos heredado para las siguientes generaciones. La pericultura urbana es un gesto más hacia una forma de vida más sostenible; como optar por ropa cuya producción no contamina el medioambiente ni explota a trabajadores o comprarse un coche eléctrico.

La reducción en la emisión de C02 a la atmósfera puede que sea invisible a los ojos. Que se tarden años en conseguir un equilibrio después de haber contaminado masivamente el aire. Pero cada piedra hace pared. Lo que no compras en el supermercado, no ha tenido que ser transportado ni almacenado. Por tanto, no se han derrochado energías y recursos no renovables para que llegue hasta tu nevera. Producir tus propios alimentos o comprarlos de kilómetro 0 —cultivados lo más cerca posible de ti— supone unos cuantos litros menos de carbono en el aire.

Y unos cuantos kilos menos de plástico. Si compras a granel o en los mercados locales evitas consumir fruta y verdura “sobreenvasada” con plástico; ese que amenaza mares y océanos porque es allí donde acaba en muchas ocasiones. Esto aún ocurre en muchos supermercados, en contraste con lo que promueven iniciativas como #DesnudaLaFruta. Quien ha aprendido a vivir sin plástico asegura que reciclar no es suficiente. Que la única solución pasa por reducir.

No olvidemos, además, que con los huertos urbanos se están creando zonas verdes en mitad de la ciudad; casi como oasis en el asfalto. Solares vacíos y abandonados, invadidos por la maleza y sin más valor que el que pueda darle el arte urbano. Al convertir estos lugares en huertos comunitarios se revitaliza la ciudad y sus habitantes tienen un nuevo rincón en el que respirar mejor, en el que conectar con esa naturaleza de la que tanto nos aleja la vida en las urbes y que, sin embargo, tanto necesitamos. La proliferación de huertos urbanos es otro síntoma de nostalgia: echamos —inconscientemente— de menos el contacto con lo natural. Tocar la tierra, sentir los árboles. Ese tiempo en el que el hombre y el campo eran uno.

Tener un huerto es bienestar: físico y emocional

Cultivar un huerto desestresa

Una alimentación basada en una mayor ingesta de verdura y fruta es una alimentación más saludable: aportan a tu organismo más fibra ayudando a regular la salud intestinal, más vitaminas y minerales y más agua. Son excelentes ejemplos de alimentación nutritiva, ya que aportan pocas calorías pero sí muchos nutrientes esenciales. Además, tienen propiedades antioxidantes (que retrasan el envejecimiento) y se convierten en un aliado para el sistema inmunológico. Pero si además eres tú quien las cultiva, es una alimentación totalmente controlada. Sabes lo que comes, sabes lo que no lleva (ningún tipo de pesticidas) y puedes comer al ritmo que marca la naturaleza en cada estación.

Una alimentación sana no solo repercute en tu salud. También en tu estado de ánimo. Según una reciente investigación, los cambios se perciben en tan solo dos semanas. Un aumento en la ingesta habitual de fruta y verdura se traduce en una mayor sensación de bienestar psicológico. Un bienestar que se alcanza no solo comiendo: también cultivando. Salir de la oficina y cambiar la pantalla del ordenador, el teclado y el ratón por los instrumentos de labranza y un paisaje verde va a ayudarte a liberarte de ese estrés acumulado durante tantas horas de trabajo. Lo dice esta investigación que pudo comprobar cómo los niveles de cortisol (la hormona del estrés) se redujeron en un grupo de personas que pasaron únicamente 30 minutos en el exterior, dedicándose a la jardinería y que consiguieron relajarse más que los que solo leían.

¿Cómo no relajarte cuando te pasas el día rodeado de contaminación acústica y tienes la opción de refugiarte en el silencio, rodeado de campo? Sin embargo, mientras la mente se calma, el cuerpo se activa. Lo suficiente para estirar los músculos especialmente para los que pasan jornadas enteras en una silla. Cuidar un huerto es un trabajo diario. No puedes descuidarlo por lo que te obligas a ti mismo a mantener un nivel mínimo de actividad física.

Pero además, no es un trabajo solitario. Los huertos urbanos son espacios compartidos. Gracias a la pericultura urbana se forjan vínculos sociales y afectivos, tanto al formar parte de una comunidad de huertos como a través de los grupos de consumo, que unen a proveedores y consumidores que comparten cercanía geográfica e intereses. Son precisamente los lazos afectivos los que, dice la Psicología, más ayudan a alcanzar esa idea abstracta que es la felicidad. Para muchos colectivos que sufren la soledad, como las personas mayores, los huertos se convierten en esos “terceros espacios” donde establecer vínculos con otras personas.

Tener un huerto provoca un curioso efecto dominó: una alimentación más sana te ayuda a sentirte mejor físicamente. Esa sensación se traduce en un bienestar emocional. Y, a su vez, ese bienestar, la felicidad, repercute en la salud. La esperanza de vida tiene mucho que ver con ambos aspectos, la alimentación y el bienestar psicológico. Por eso la comunidad científica ya investiga la Dieta Okinawa como posible razón de la longevidad de los habitantes de estas islas japonesas, especialmente de Ogimi. En esta pequeña comunidad, por cierto, cultivan sus propias verduras que comparten con sus vecinos. Ellos ya sabían, mucho antes que nosotros, todo lo que la agricultura a pequeña escala puede aportar a nuestras vidas. Casi podría afirmarse que tener un huerto es tener una oportunidad para ser vivir bien, mucho y feliz.

Fotos | iStock/SuzanaMarinkovic, Facebook/RehdmadiStock/AlexRathsiStock/firina

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