Diccionario de la smart city: conceptos para comprender la revolución de las ciudades - Corriente Eléctrica

Diccionario de la smart city: conceptos para comprender la revolución de las ciudades

Repasamos algunos de los conceptos nuevos que han venido acompañados del desarrollo de las smart cities

Las smart cities se están consolidando como el modelo de futuro de las antiguas urbes y ciudades del siglo pasado. En su evolución, en ocasiones improvisada debido a problemas concretos, u orientadas mediante firmes decisiones de gobierno, generan todo un vocabulario asociado, que ponemos al día con este artículo.

Dicen los que saben de ciudades inteligentes que hay seis pilares claves que las sustentan en mayor o menor medida: la economía inteligente, la gestión de gobierno, la ciudadanía inteligente, la gestión del entorno, la calidad de vida y la gestión de la movilidad. Usamos estos seis pilares para desplegar parte de la nube de palabras que conforman el nuevo diccionario de la smart city.

Economía inteligente, o smart economy, y la economía circular

Economía inteligente, o smart economy, y la economía circular

El concepto de economía circular se ha hecho eco del avance de la smart city, y viceversa, durante la última década. Aunque la idea no es nueva. Ya desde hace tiempo se busca que la economía extraiga un mínimo de recursos del entorno, reaprovechando los que extrajimos previamente para las distintas actividades humanas. Este tipo de economía, blindada por las tres, cuatro o siete erres (según el modelo) se orienta a reducir nuestro consumo de materias primas, reutilizar (en los productos tecnológicos, a veces reparar) los objetos, y reciclar siempre al final de su vida útil.

Dado que la smart city tiene una aproximación holística (otra palabra muy usada últimamente) a la gestión urbana, estudia y mejora la ciudad como un todo, haciendo que distintas áreas de la urbe queden enraizadas unas con otras. La economía circular, que tiene su base en la economía azul, también entra en los pilares de smart environment y smart living (más abajo).

La economía de una ciudad inteligente también mira hacia nuevos entornos de “coompetitividad”, una síntesis entre la competencia y la cooperación. Hemos visto en numerosas ocasiones como en el Smart City Expo World Congress, el proyecto europeo Remourban, o el Smart Island World Congress cómo las ciudades se unen para colaborar, y se separan para competir.

La dinámica de la competición darwiniana se aplica cada vez en menor medida en las ciudades, y el ecosistemas urbanos se parecen hoy más a la colaboración de organismos fotosintéticos (solares) del Precámbrico que a la actividad animal que conocemos de la evolución. En el Precámbrico, estas formas de vida unicelulares aprendieron que en simbiosis se vivía mucho más seguro que en lucha constante. Nosotros lo estamos reaprendiendo de nuevo, poco a poco.

Gestión de gobierno, o smart governance, y la participación ciudadana

Gestión de gobierno, o smart governance, y la participación ciudadana

Una buena parte del empuje de esta cooperación urbana viene soportada por la base de la sociedad, los ciudadanos, que generan y usan plataformas de gobierno para exponer sus demandas y planes de mejora urbana. Casi todas las ciudades europeas con alta densidad de población cuentan ya con estos entornos de participación ciudadanos, mejorando gracias a que el gobierno local escucha a esta base, en el pasado silenciosa.

Esta ciudadanía –antes de esta cuarta revolución industrial llamada “consumidor”, y “habitante” antes de eso– se apoya en la administración electrónica (eAdministración o e-gobierno) para realizar gestiones a través de Internet. La apertura desde el gobierno a las distintas posibilidades electrónicas facilita la vida del ciudadano, y le empodera (le da poder) frente a otros actores o stakeholders urbanos.

Otro motor importante radica en cómo los ayuntamientos están abriendo su gestión a los ciudadanos, usando el análisis de grandes volúmenes de datos (Big Data) para mejorar los servicios urbanos. Estos servicios, como la movilidad del transporte público, la gestión de residuos, el cuidado de los parques, la gestión energética o la seguridad, entre muchos otros, se engloban a su vez en las llamadas verticales.

Estas verticales han sido durante décadas oscuras y opacas a la población, que rara vez sabía del funcionamiento y gestión de las mismas. Gracias a los gobiernos transparentes, es posible la existencia de las auditorías públicas e incluso de la rendición de cuentas de esta smart governance. Solo así los ciudadanos podrán elegir mejor a sus representantes para la próxima candidatura.

Ciudadanos inteligentes, o smart citizens, y la educación

Ciudadanos inteligentes, o smart citizens, y la educación

Cuando hablamos de ciudadanos inteligentes no queremos decir que nos hemos vuelto más listos con respecto a otros humanos que nos precedieron, pero sí que tenemos a nuestra disposición herramientas para aprender de una forma autónoma; así como la capacidad de tener un impacto positivo en el medio urbano que nos rodea.

Los laboratorios urbanos, de los que hemos hablado en alguna ocasión, están soportados por esta ciudadanía inteligente, proactiva y formada. Es una población con acceso al conocimiento específico y la educación continua gracias a tecnología como los cursos MOOC. Pero también gracias a un entorno que fomenta y persigue el aprendizaje constante y la reinvención personal.

A medida que las telecomunicaciones se han ido abriendo paso y la fibra óptica ha ido desplazando al cobre en las ciudades, el mundo se ha vuelto más pequeño, y han nacido los ciudadanos conectados y los nativos digitales. Esto requiere de nuevas habilidades sociales, y la alfabetización digital se vuelve una necesidad en un mundo que pasa a través de las pantallas y los datos.

La gestión del entorno, o smart environment, y la protección medioambiental

La gestión del entorno, o smart environment, y la protección medioambiental

Es este mismo ciudadano inteligente, apoyado por un gobierno responsable, el que fomenta una economía circular de bajo impacto ambiental. Este impacto reducido sobre el entorno también tiene en cuenta el CO2Eq o CO2 equivalente, que se usa en contaminantes que no impactan directamente sobre la atmósfera con esta molécula, como las centrales nucleares.

Esta aparente obsesión por el carbono, que nos ha dado toda una economía basada en el CO2 como moneda de cambio, está justificada debido al cambio climático, al calentamiento global, y al aumento de los gases de efecto invernadero (GEI) que están elevando tanto la temperatura de la atmósfera que ocasionan enormes catástrofes en otras partes del mundo. Para entender la diferencia entre estos conceptos, recogimos en su día seis documentales y libros sobre el cambio climático.

Cuando toda la sociedad, gobiernos incluidos, se plantean una economía baja en carbono, es cuando toman relevancia conceptos energéticos como edificios de bajo consumo (passive houses), o la eficiencia energética de nuestros electrodomésticos y dispositivos, que vienen con su etiqueta energética para que podamos elegir.

El transporte de la energía se aleja lentamente de las macroredes eléctricas que unen continentes enteros para centrarse en las smart grids bidireccionales que se ramifican por la ciudad. La energía de las ciudades se gestiona cada vez con mayor precisión, y se busca acercar la fuente al consumo. De ahí que las placas solares y los molinos eólicos se presenten como el mejor futuro sostenible posible.

Tanto el consumo como las fuentes de energía se tienen en cuenta a la hora de minimizar la presión del ser humano sobre su entorno, y los ciudadanos buscan el autoconsumo energético o contratan la energía de fuentes 100% renovables, preocupados por su entorno. También se orientan hacia el vehículo eléctrico, conocedores de las externalidades de los vehículos de combustión y su impacto en la salud.

La calidad de vida, o smart living, y la mejora de la salud de los ciudadanos

La calidad de vida, o smart living, y la mejora de la salud de los ciudadanos

El aire limpio y una ciudad sin ruido son necesidades biológicas que nos ha costado mucho descubrir a costa de la salud. A medida que los ciudadanos se empoderan ganan voz y tienen mejor acceso a la información, también concretan sus demandas. Buscamos una mejor calidad de vida, con cielos libres de contaminación.

Esto no solo implica las emisiones del tráfico rodado. Los electrodomésticos o la industria agroalimentaria también aportan su granito de arena al mix de contaminación que forma las boinas sobre las ciudades. No todos los nuevos conceptos o neologismos son agradables, aunque la sensorización urbana ayuda a realizar una mejor medición de la calidad del aire.

Estos sensores distribuidos por la ciudad convierten en dispositivos del IoT (Internet of Things) todo aquello que tocan, ayudando a tomar mejores decisiones urbanas, por ejemplo, en la gestión de residuos. Estos mismos datos se ponen luego a disposición de todos, convirtiéndose en datos abiertos u open data.

En búsqueda de una mejor calidad de vida, las ciudades plantean cada vez más espacios verdes y abiertos, que esperamos que se conviertan en el futuro en plantas de energía urbana distribuidas. A veces, para recuperar entornos deteriorados por el urbanismo de décadas pasadas, recurrimos a la restauración ecológica. Lejos de tener que ver con la comida saludable, la restauración ecológica de espacios pretende recuperar la funcionalidad biológica de entornos degradados.

La gestión de la movilidad, o smart mobility, y la electrificación de las flotas

La gestión de la movilidad, o smart mobility, y la electrificación de las flotas

La movilidad es uno de los grandes pilares de las smart cities. Futurólogos como George Edwards, que aseguró ante la joven Royal Aeronautical Society de 1958 que «el progreso del hombre podía medirse de manera última por la velocidad máxima alcanzada por el ciudadano medio», pusieron de manifiesto la importancia de los desplazamientos humanos.

Hoy día, esa «velocidad máxima alcanzada por el ciudadano medio» es, en Occidente, la desarrollada por el turismo. Debido a la cuota de mercado que tiene este medio de transporte en nuestra sociedad, y el modo en que contamina cuando hablamos de movilidad térmica, se tiende cada vez con más velocidad hacia la electrificación de la movilidad y de las flotas urbanas.

Europa ya ha dado el ultimátum al diésel, y sus ciudades se esfuerzan por completar los vacíos de puntos de recarga para que los ciudadanos se cambien cuanto antes a una movilidad más sostenible. También dentro de las urbes se implantan los planes de movilidad urbana sostenible (o PMUS), que ayudan a limpiar la atmósfera y evitar el calentamiento global.

La movilidad se ataca en todos los frentes, y la congestión se resuelve mediante semáforos inteligentes y la adición de flotas de vehículos compartidos por la ciudad, que liberan espacio urbano. El carsharing (como el que trae Renault Zity de la mano de Ferrovial Servicios), nació del clásico autoestop americano para convertirse en un modelo de negocio: la movilidad como servicio o MaaS por sus siglas en inglés (Mobility as a Service).

La movilidad urbana influye en gran medida en el bienestar y empoderamiento ciudadano; y la electrificación y la inversión en transporte público sostenible ayuda a que los ciudadanos tengan más alternativas. Esta también hemos de entenderla como la movilidad de aquellas personas con capacidades diferentes o mermadas por la edad, a los que a veces olvidamos.

 

Las ciudades inteligentes avanzan en todos los ámbitos acompañadas de las NTIC del siglo pasado y de los desarrollos que entre todas comparten, para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y minimizar el impacto de estos en el entorno. Aunque sesgado, hemos resaltado en negrita algunos de los términos más importantes de las smart cities han traído para añadirlo al diccionario urbanita de nuestro siglo. Y los que quedan.

 

En Corriente Eléctrica | Señales​ ​que​ ​te​ ​indican​ ​que​ ​tu​ ​ciudad​ ​comienza​ ​a​ ​ser​ ​una​ ​smart city

Imágenes | iStock/GaudiLab, iStock/golubovy, iStock/stevanovicigor, iStock/LDProd, iStock/songdech17, iStock/Ridofranz, Renault

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