El árbol de tu calle puede filtrar hasta 20 kg de C02 al día

Un solo árbol puede absorber en un año el C02 que emite un coche que circula entre 10.000 y 20.000 kilómetros

Siempre hemos tenido a la naturaleza de nuestra parte. Los árboles llevan millones de años trabajando para limpiar la atmósfera de dióxido de carbono, a través de un mecanismo muy simple: la fotosíntesis. Por eso a menudo la tecnología se ha inspirado en el entorno natural para lograr sus propios avances, reproduciendo procesos naturales como el que realizan las plantas y los árboles al “respirar” o incluso copiando sus diseños originales, como los robots-insectos.

La capacidad de la biomasa para fijar y retener CO2 es uno de esos mecanismos inteligentes que hemos aprendido del reino vegetal. Su papel en el equilibrio natural de la contaminación en la atmósfera ha inspirado algunas de las innovaciones en el campo de la Geotermia para luchar contra el cambio climático, como los árboles artificiales. Pero también ideas más simples, como llenar las azoteas de árboles (de verdad), o llenar la ciudad de espacios verdes.

Edificios verdes en Milán

Se trata de imitar la fotosíntesis, que no es ni más (ni menos) que un proceso químico por el que la energía solar —que los vegetales absorben gracias a pigmentos como la clorofila, presente en sus hojas—, el agua y el C02 se transforman en energía para la planta: en compuestos químicos que alimentan a la planta. El C02, esencial para la síntesis de los hidratos de carbonos, se fija en su biomasa: en las raíces, el tallo, las hojas, las ramas… hasta constituir el 40 o 50% de su composición. Finalmente, la descomposición de las moléculas de agua produce un desperdicio para las plantas, pero vital para el resto de seres vivos: el oxígeno.

Por eso se dice que los bosques y las grandes masas forestales son depósitos naturales de C02 y además, que la vida no sería posible sin ellos. Lo que no consiguen absorber y se queda en la atmósfera puede permanecer allí entre tres y cuatro siglos. Ahora sabemos mucho más sobre esta capacidad de absorción de la biomasa, que ha sido observada en investigaciones y estudios como el realizado por la Universidad de Sevilla. Los datos que arrojan dan una idea de la importancia de preservar nuestras masas forestales. Sólo en España (donde contamos con 20 millones de hectáreas forestales) son capaces de fijar hasta 785 billones de toneladas de C02, absorbiendo en el proceso 48 millones de toneladas anuales.

Llevándolo a ejemplos prácticos, significa que un solo árbol puede absorber en un año el C02 que emite un coche que circula entre 10.000 y 20.000 kilómetros. Pero ¿cuántos árboles se necesitarían para contrarrestar la huella que deja todo el parque automovilístico de una ciudad, exceptuando eléctricos e híbridos? Pues depende de la especie: hay árboles y suelos con mayor capacidad de absorción.

El pino carrasco y la melia, los héroes

Primer plano de un pino

Del estudio mencionado se extrajeron importantes conclusiones: hay árboles que absorben mucho más CO2 que otros y cuanta más edad tienen, mayor es esta cantidad.  De entre los que suelen estar presentes en las ciudades, los más eficaces son la melia, la jacaranda y la acacia. De hecho, se ha calculado que diez melias en una calle de 100 m. pueden llegar a absorber la emisión de CO2 de 10.373 coches que la recorran al día. Teniendo en cuenta que en este trayecto un coche emite aproximadamente 20 gr. de dióxido de carbono, las diez melias serían capaces de captar y fijar hasta 207 kg al día. Es decir, 20 kg cada una.

También se concluye que los bosques son los responsables a nivel global de que la atmósfera contenga un 10 % menos de CO2. En el caso español, nuestros árboles nos libran de un 19 % de esa contaminación. Y eso gracias a que en nuestro paisaje abundan dos especies arbóreas excepcionalmente eficaces en la fijación del CO2: el pino carrasco y el pino piñonero. Ambas especies sobresalen en esta función con respecto al resto al absorber 48.870 y 27.180 kilos de CO2 al año respectivamente.

Un trabajo similar realizaron ingenieros de montes de la Escuela Politécnica de Mieres (Asturias), que, aplicando un modelo matemático desarrollado por investigadores de la Universidad de Oviedo, detectaron las especies que más limpian la atmósfera en Galicia y Asturias. Ellos concluyeron que cuanto más lento es el crecimiento de un árbol, más tiempo puede retener el CO2. Así, robles o hayas se encuentran entre las especies con más éxito en esta labor en los bosques del norte de España.

Bosque

Son ellos —los bosques y las reservas naturales— nuestro mejor agente en la presente lucha contra el cambio climático. Así se evidencia en el artículo 5 del Acuerdo de París en el que, al contrario del Protocolo de Kyoto, se menciona la importancia de conservar los sumideros naturales de CO2 y no sólo los artificiales, resultado de la intervención del hombre con medidas como la reforestación. El problema es que, como hemos visto, un árbol en crecimiento absorbe mucho menos. En la ONU, los bosques cuentan con su propio Fórum, que vela por los intereses de los árboles y por la aplicación de políticas medioambientales y acciones centradas en conservarlos.

Porque según las previsiones, los necesitamos más que nunca: se anticipa un aumento mundial del 2 % respecto a las emisiones de 2016. Así lo afirma el Presupuesto Global de Carbono 2017, que advierte de que la emisión total alcanzará 41 millones de toneladas. Ante esta situación, parece que no contamos con suficientes bosques. Por eso, pese a que podrían tardar muchos años en ser realmente eficaces, desde el gobierno español se alienta a crear proyectos de absorción de dióxido a través de la reforestación o actuando sobre zonas forestales ya existentes. Llenar las ciudades de zonas verdes (especialmente junto a zonas de especial tránsito) es una de las soluciones más obvias.

Sobre los habitantes del planeta pesa también la responsabilidad de cuidar este recurso y sobre todo evitar los incendios: no sólo liberan CO2 con la propia quema; también todo el que pacientemente han acumulado esos árboles durante años para que podamos respirar mejor. A veces podemos ayudar con gestos tan simples como apoyar causas como ésta, que intenta salvar el último bosque virgen de Europa de la tala indiscriminada que ya ha acabado con más de 50.000 árboles, entre los que se encuentran ejemplares centenarios.

Fotos | iStock/peresanz, iStock/RossHeleniStock/springtime78, iStock/vovik-mar

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