Guía y claves de la transición energética de España

España prepara su transición energética: estas son las claves

España necesita un transición basada en la eficiencia energética, en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y en el impulso a las energías renovables y el vehículo eléctrico

La situación energética de España es, cuanto menos, preocupante. A la enorme dependencia que tenemos del petróleo, tenemos que sumarle que actualmente el 83% de la energía que consumimos viene del exterior. Por si fuera poco, las emisiones de CO2 en nuestro país siguen estando a merced de la climatología. Basta con mirar los datos del año pasado, cuando las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron un 4,5%, empujadas por un año seco y el incremento de la generación con carbón y ciclo combinado. A ello hay que sumarle el parón en la instalación de renovables que ha sufrido el país en los últimos años.

Con los datos en la mano, no hay duda de que España necesita un transición energética. Una transición basada en la eficiencia energética, en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y en el impulso a las energías renovables y el vehículo eléctrico.

Con la llegada del nuevo Gobierno se ha creado un Ministerio de Transición Ecológica que aúna las competencias que antes tenían las de Medio Ambiente y Energía. Entre sus cometidos más importantes está la redacción de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que marque la hoja de ruta de la política energética en nuestro país.

Según declaraciones de la propia ministra Teresa Ribera, “este plan tendrá que reflejar nuestra contribución a la consecución de los compromisos adquiridos por el país para caminar hacia la neutralidad del carbono hacia la mitad de siglo. Esto implica una reducción de nuestras emisiones en un 20% en 2030 y de un 90% en 2050 respecto a los niveles existentes en 1990”.

Reactivación del sector renovable y mejora de la eficiencia energética

Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, no hay fórmulas mágicas. Las opciones son, principalmente, dos: mejorar la eficiencia energética o aumentar la generación con energías renovables, siempre con el objetivo de reducir el consumo de combustibles fósiles.

La eficiencia energética consiste en conseguir el mismo confort y servicios con un menor gasto de energía. Entre los frentes de actuación, está la rehabilitación energética de edificios —mejora de aislamientos y cerramientos—, el cambio de los sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles a otros más eficientes —biomasa, geotermia, o “district heating“— la apuesta por la movilidad eléctrica…

Por otro lado, está la apuesta por las energías renovables. La electrificación de la sociedad es una de las formas más fáciles de disminuir el uso de combustibles fósiles. Necesitamos conseguir que la energía eléctrica sea cada vez más protagonista en nuestra vidas, en detrimento de los combustibles fósiles. Y además debemos asegurarnos de que esa electricidad es de origen renovable, promoviendo nuevas instalaciones.

En ese sentido, después de un parón de varios años en el sector renovable español, tenemos buenas noticias. Gracias a las últimas subastas renovables realizadas, antes de 2020 se deberían conectar a la red eléctrica española 8.000 nuevos megavatios renovables —principalmente eólica y solar, con algo de biomasa—. Además, el futuro es esperanzador en cuanto a energía solar con más de 20.000 nuevos megavatios en trámites administrativos.

Tampoco se nos puede olvidar la figura del ciudadano energético. El desarrollo de la tecnología está permitiendo que cada vez sea más económico acceder a sistema de autoconsumo, permitiendo potencia la figura del prosumidor. Ya no solo seremos sujetos pasivos del sistema eléctrico, sino que también podremos contribuir a la generación desde nuestros hogares. En ese sentido, la legislación española actualmente no es la más favorable, por lo que una futura Ley de Transición Energética debería facilitar y fomentar el autoconsumo en viviendas y empresas.

El futuro del carbón y energía nuclear

El futuro del carbón y la energía nuclear es otro de los grandes debates dentro de la transición energética de nuestro país. En el año 2017, la energía nuclear generó el 21% de la energía eléctrica en España, mientras que el carbón aportó el 17%. En total, entre las dos generaron el 38% de la electricidad consumida en nuestro país, más que el total de las energías renovables que se quedaron en un 33%.

Como se puede comprobar, tanto el carbón como la nuclear son dos agentes importantes de nuestro sistema eléctrico, pero a su vez son los dos tipos de energía que más en el aire tienen su futuro en el corto-medio plazo.

La energía nuclear es objeto de debate continuo en la sociedad. Por un lado, genera electricidad libre de emisiones de forma fiable y continuada en el tiempo, pero por el otro, tiene el problema de los potenciales accidentes que puedan ocurrir y la gestión de los residuos radiactivos. Seis de los siete reactores operativos con los que cuenta España tienen permiso de funcionamiento hasta 2020 o 2021, pero en caso de querer renovar sus licencias de operación deberán hacerlo pronto.

El carbón es otro de los principales candidatos a echar el cierre en el corto plazo. Se trata de la forma de generación que más emisiones de CO2 provoca, además de otros gases contaminantes y perjudiciales para la salud de las personas. Con un sistema eléctrico como el nuestro, donde contamos con casi 25.000 megavatios de ciclo combinado de gas —más eficiente y limpio que el carbón— infrautilizados, seguir quemando carbón deja de tener sentido.

Como no podía ser de otra manera, estas decisiones serán tomadas en el Congreso de los Diputados entre los diferentes partidos que lo componen.

Apuesta por el coche eléctrico

Pero la transición energética no se puede entender sin una apuesta firme por la movilidad eléctrica. La adopción de la movilidad eléctrica permite atacar varios de los frentes expuestos anteriormente. Por un lado promueve la eficiencia energética, ya que los coches eléctricos consumen un tercio de energía que los de combustión. Además, se consigue electrificar la economía y reducir la dependencia energética del exterior, ya que se deja de consumir combustibles fósiles —diésel, gasolina procedentes de petróleo importado— para consumir una electricidad que puede ser generada con recursos locales. Por eso, es importante que la apuesta por el coche eléctrico vaya acompañada por un incremento en la generación renovable.

La Ley de Transición Energética también debería contar con un plan de ayudas ambicioso y duradero en el tiempo que permitiese estimular la demanda de este tipo de movilidad en nuestro país. A su vez, sería importante contar con una fuerte apuesta por la infraestructura de recarga que terminase con los complejos de moverse en coche eléctrico por toda la península.

Imágenes | Pixabay, Renault Media

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