Electrificación de la sociedad: qué es y qué implica

La electrificación de la sociedad es tendencia, ¿qué significa?

La electrificación de la sociedad es una de una de las vías más eficaces para reducir los gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático.

Conocida también como electrificación de la economía, la electrificación de la sociedad es un término que está de actualidad. Sin embargo, pocos entienden lo que significa y las repercusiones que tendrá en el sector energético y económico en el medio y largo plazo. La realidad nos muestra que se trata de una de una de las vías más eficaces para reducir los gases de efecto invernadero y luchar contra un cambio climático que puede cambiar nuestro planeta tal y como lo conocemos.

El Acuerdo de París alcanzado en el año 2015 dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se convirtió en el que es hasta el momento el hito más importante de la historia en la lucha contra el cambio climático. El objetivo de este acuerdo no es otro que establecer medidas para la reducción de gases de efecto invernadero con el objetivo de mantener la temperatura media mundial por debajo de 2ºC respecto a niveles preindustriales.

¿Cómo se consigue esto? La teoría es muy fácil. Basta con hacer un uso más eficiente de energía y aumentar la cuota de generación renovable en la medida de lo posible, reduciendo a su vez el consumo de combustibles fósiles. Con estas medidas, se consigue reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.

Pero llevar la teoría a la práctica no siempre lo es. Actualmente dependemos en exceso de los combustibles fósiles, siendo el petróleo y sus derivados los encargados de transportarnos a la mayoría de sitios, siendo el gas el encargado de calentar nuestros hogares o siendo el carbón el encargado hacer girar las turbinas de vapor que a su vez generan la electricidad que llega a nuestros hogares.

Nadie parece dispuesto a renunciar a ninguna (ni a otras muchas) de estas comodidades, por lo que parece quedar solo una vía posible: aumentar la eficiencia energética —conseguir el mismo confort con menor gastos de energía— y electrificar el consumo de energía en la medida de lo posible, a la vez que aumentamos la generación eléctrica mediante energías renovables.

¿Por qué electrificación? La electricidad es el vector más flexible para la introducción de las energías renovables en nuestra demanda energética. Podemos dejar de ser transportados con gasolina o diésel para hacer con un coche o un tren impulsados por electricidad. Podemos dejar de calentar nuestros hogares con gas para comenzar a hacerlo con sistemas de geotermia o aerotermia accionados por bomba de calor. Podemos dejar de quemar carbón en nuestras centrales térmicas para generar electricidad mediante aerogeneradores o paneles solares.

En cualquier caso, esto implica que el consumo de electricidad aumentará por la necesaria descarbonización de nuestro modo de vida. Aquello que antes funcionaba gracias a los combustibles fósiles deberá empezar a hacerlo ahora con electricidad.

El coche eléctrico como clave de la electrificación de la sociedad

El automóvil es uno de los grandes consumidores de energía a nivel mundial. Sin ir más lejos, solo en nuestro país, el 46% de la energía primaria provino del petróleo, siendo el sector transporte con diferencia el mayor consumidor de oro negro.

Si queremos reducir este porcentaje, tenemos varias vías. La primera y la más eficaz, es reducir nuestro uso del vehículo particular, aumentando el uso del transporte público y de otras alternativas como el car sharing o las bicicletas. Sin embargo, las necesidades de movilidad de la población —y su comodidad, dicho sea de paso— son las que son. Por lo que no parece que vaya a cambiar en el corto plazo. La segunda, sería hacer coches de combustión más eficientes. Esto último, es algo que la industria lleva años haciendo empujada por las políticas medioambientales, pero cada vez es más difícil, más costoso y añade más complejidad a la mecánica de los vehículos. La tercera es la electrificación de la movilidad, mucho más fácil.

Partiendo de la base de que un vehículo eléctrico es el triple de eficiente que uno de combustión —necesita un tercio de la energía para realizar el mismo recorrido— una de las mejores formas de reducir nuestro consumo de petróleo y nuestras emisiones es apostar por la movilidad eléctrica. Por cada coche eléctrico que reemplace a uno de combustión, estaremos consumiendo un tercio de energía. Una energía que pasará de tener su origen en el petróleo a tenerlo en una electricidad que cada vez es más renovable.

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La climatización de viviendas y edificios, otra de las claves

Otro de los sectores con mayor impacto en el consumo energético es la climatización de edificios, tanto de viviendas como de edificios públicos o empresas. La calefacción puede llegar a suponer prácticamente el 50% del consumo energético de un hogar en España, siendo además de origen fósil la mayoría de las veces. Principalmente las calefacciones diésel o de gas natural.

De nuevo, para reducir las emisiones asociadas a la climatización de los hogares hay varias opciones. La primera sería hacer viviendas más eficientes, que necesiten de un menor aporte energético externo para mantener sus servicios y confort. La segunda sería mejorar los actuales sistemas de calefacción para que sean más eficientes, algo que la industria ya hace al igual que ocurre con los coches. La tercera es encontrar tecnologías de climatización que sean mejores que las actuales, emulando la eficiencia del coche eléctrico frente al coche de combustión.

En la climatización de viviendas también contamos con nuestro particular “coche eléctrico”. Su nombre es bomba de calor, y se presenta en nuestros hogares en forma de aerotermia, geotermia e incluso hidrotermia. Sus ventajas son que funciona con electricidad, que es una tecnología más que probada y que tiene una eficiencia muy superior a las resistencia eléctricas. Aprovechando la energía disponible en nuestro entorno —en el aire, la tierra e incluso el agua— en combinación con una bomba de calor, podemos conseguir un sistema capaz de obtener hasta 4 o 5 kWh de calor por cada kWh de electricidad consumido.

De nuevo, esta electricidad tendrá unas emisiones asociadas mucho menores que el gasóleo o la electricidad, y además cada año que pasa será más y más renovable, reduciendo cada vez más las emisiones de gases de efecto invernadero.

En definitiva, que la sociedad aumente su consumo electricidad a costa de reemplazar aparatos que se alimentan de combustibles fósiles por otros que consumen electricidad, y que además hacen el mismo trabajo con menor consumo energético, es le mejor camino para reducir los gases de efecto invernadero. Es la electrificación de la sociedad.

Imágenes | Pixabay

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