Cómo comprar y alimentarse para ser más sostenible y ecológico

La forma en que te alimentas también puede ser más sostenible

Si queremos generar el menor daño posible a la naturaleza, evitar el plástico no es el único hábito que deberíamos adoptar a la hora de hacer la compra

Si somos lo que comemos, el estado actual del medio ambiente es el resultado de lo que comemos más cómo lo producimos, cómo lo consumimos y conservamos y qué hacemos con los restos. Los consumidores tienen la última palabra. Son sus gestos los que pueden sembrar la semilla del cambio hacia una forma de alimentación sostenible. Que sea responsable con la naturaleza y genere el menor impacto ambiental posible.

Esa forma de alimentarse se define desde el mismo momento de adquirir los alimentos. Hay decisiones, como sustituir ciertos alimentos por otros cuya producción resulta ser más sostenible, que pueden ser el comienzo de una alimentación más equilibrada para todos. Porque se da la casualidad de que, en muchos casos, cuanto más sostenible es su producción más sano resulta ser, además, un alimento.

¿Qué es la alimentación sostenible?

Alimentos sostenibles

Para entender la alimentación sostenible hay que plantear la pregunta contraria. ¿Qué no es sostenible? Aquello que provoca un gran impacto ecológico. ¿Y qué aspectos son los que contribuyen a que una forma de alimentarse no sea sostenible?

Según la FAO, sostenibles son las dietas “que generan un impacto ambiental reducido y que contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional y a que las generaciones actuales y futuras lleven una vida saludable. Además protegen y respetan la biodiversidad y los ecosistemas, son culturalmente aceptables, accesibles, económicamente justas y asequibles y nutricionalmente adecuadas, inocuas y saludables, y optimizan los recursos naturales y humanos”.

Para llevar una vida y una dieta más sostenibles es necesario, por tanto, revisar cada fase por la que pasa el alimento desde que es producido hasta ser consumido o convertirse en residuo, y tomar la decisión adecuada en cada momento. Tanto al producir, como al comprar y al consumir se dan oportunidades para actuar de forma ecológicamente responsable.

Producción Sostenible

En la producción, son factores como la cantidad de agua requerida, los gases emitidos y la energía consumida los que determinan que esa forma de obtener alimentos sea más o menos sostenible. Tener un huerto ecológico en casa o participar de las actividades en huertos comunales en lugar de comprar en las grandes superficies es una forma de intervenir positivamente sobre la producción.

Pero también eligiendo determinados alimentos. Un kilogramo de tomates necesita 186 litros de agua. Pero para producir un kilogramo de ternera se llegan a usar 15.000 litros. Al optar por una dieta más rica en verduras y fruta se produce un ahorro de agua y energía y, por tanto, se reduce la contaminación a la atmósfera.

Alimentos sostenibles

Compra Sostenible

A la hora de comprar de forma más sostenible, el criterio de proximidad lo es todo. El transporte es uno de los principales responsables de la contaminación atmosférica. La solución pasa, pues, por elegir alimentos de kilómetro 0; es decir, alimentos de producción local y de temporada. De esta forma, no solo se contribuye a reducir las emisiones de gases al suprimir el transporte; también supone un apoyo a la agricultura y a la ganadería locales y un mayor aprovechamiento de los recursos de la zona.

También son una buena opción son los establecimientos de Comercio Justo. Sus productos cumplen los estándares fairtrade que exigen prácticas medioambientales responsables, una producción agrícola sostenible y embalajes ecológicos. Allí es posible encontrar alimentos como café, té, azúcar e incluso productos de limpieza ecológicos. Pero siempre obtenidos y manipulados de forma responsable y sostenible.

Alimentos sostenibles

Por último, comprar a granel supone esquivar uno de los aspectos más contaminantes del sistema alimentario hoy en día: los plásticos. Adquiriendo únicamente la cantidad que se necesita se evita el embalaje pero también, el exceso de residuos.

Independientemente de dónde se adquieran los alimentos, la clave es planificar para comprar solo aquello que se vaya a consumir. Es el último eslabón de la cadena, el último paso en el que la actitud del consumidor es clave: la generación de residuos y su tratamiento.

Consumo Sostenible

Consumir de forma sostenible se traduce en generar el mínimo residuo posible. Por eso es importante no desperdiciar la comida. Gestos tan simples como conservar adecuadamente la comida en la nevera, regular la temperatura del frigorífico, prestar atención a las fechas de caducidad y reutilizar las sobras sirven para aligerar esos inevitables residuos que tantos problemas están generando en el medio ambiente.

Aún es posible ir más allá y transformar los residuos orgánicos en algo útil: el compostaje. Hay todo tipo de compostadores en el mercado pero también se puede practicar el DIY y fabricarlo en casa, siguiendo alguno de los tutoriales que pueden encontrarse en la red. Huelga decir que el resto de residuos no orgánicos deben ser reciclados correctamente para evitar que lleguen al mar las toneladas de plástico que se producen cada año.

Hacia una dieta más sostenible

Alimentos sostenibles

 

En España estamos de suerte. Según la FAO, la Mediterránea es un gran ejemplo de dieta sostenible. Así se desprende también de un estudio de la Universidad de Navarra publicado en la revista Public Health Nutrition que analiza este tipo de dieta en función de uso de la tierra, gasto de agua y energía así como las emisiones de gases de efecto invernadero. Los análisis dejan claro que cuanto mayor es la adherencia a este tipo de dieta, menor es el consumo de recursos y de emisiones de gases contaminantes. Además, como hemos visto, está demostrado que la dieta Mediterránea ayuda a combatir los efectos de la contaminación en nuestro organismo.

En este sentido, la FAO ya lleva años alertando de que, para dar de comer a los 9.000 millones de personas que, calculan, poblarán el planeta en 2030 será imprescindible practicar la entomofagia. Es decir, cambiar las proteínas de la carne por las de los insectos, más nutritivos que un bistec de ternera y cuya producción es mucho más barata, sencilla, limpia y ecológica. Porque producir carne como para satisfacer la demanda proteínica de todos los habitantes no va a ser, dicen, nada sostenible.

En cualquier caso, en países como España aún se está lejos de aceptar la incorporación de insectos a la dieta al nivel que ya se hace en otros países. Pero hay muchas formas de comprar y consumir siendo responsable con el entorno que no han de pasar necesariamente por los bichos.

Basta tomar como guía la Doble Pirámide Alimentaria-Ambiental, el resultado de un estudio elaborado por la Fondazione Barilla Center for Food & Nutrition (BCFN). Según esta idea, no solo es necesario seguir las recomendaciones de la pirámide alimenticia (en cuanto a la frecuencia con la que se debe comer cada tipo de alimento) sino también lo que marca la pirámide ambiental; es decir, el impacto ambiental que supone la producción de cada grupo de alimentos. Así, no solo se aprende a comer de una forma más sana; también de una forma más responsable.

Fotos | iStock/RossHelen, iStock/romrodinka, iStock/MarianVejcik, iStock/bonchanFacebook/@FondazioneBCFN

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