El coche eléctrico para comerciales: mi padre lo prueba - Corriente Eléctrica

Lo que mi padre no sabía del coche eléctrico

Probamos un Renault ZOE de la mano de mi padre, un señor de 61 años que jamás se había montado en un eléctrico

Hace unos días, mientras la televisión mostraba el nuevo rumbo del vehículo eléctrico en España y las nuevas maneras de moverse por Madrid, mi padre levantó la mano y dijo “el vehículo eléctrico no está preparado todavía, quizá dentro de unas décadas”. Llevo años escribiendo sobre vehículos eléctricos en diversos blogs, pero personas como mi padre no acceden a este contenido.

Aprovechando que teníamos que recoger una furgoneta de trabajo en un municipio cercano, acordamos que probaríamos un Renault ZOE a través de Zity, y nos daríamos una vuelta larga a Madrid. Llovía y hacía frío, de modo que era el día perfecto para una prueba completa. Le registramos en la plataforma y paseamos hasta el vehículo más cercano.

“Los vehículos eléctricos tienen poca autonomía”

El Renault ZOE más cercano se encontraba en Legazpi, una estación de metro de Madrid a pocos minutos de donde vivimos. En el trayecto, ambos armados con paraguas, mi padre preguntó “¿Qué ocurre si nos quedamos tirados en mitad de la carretera?”. Tenía miedo de quedarnos sin batería en mitad del camino.

Se llama Ángel, tiene 61 años, y lleva una pequeña empresa de impermeabilizaciones y realiza principalmente tareas de comercial. Nunca ha usado un vehículo eléctrico. Solo conoce el motor de los diésel y gasolina: el miedo era legítimo, pero fruto de falta de información.

En la aplicación de reserva del vehículo estuvimos viendo la autonomía restante de diversos Renault ZOE: 123 km, 234 km, 250 km, 112 km… Con reticencias por su parte (quería coger el más cargado) finalmente cogemos un coche con 220 km restantes. “Papá, para lo que vamos a hacer no nos hacen falta tantos”.

“¿Estas cifras son reales?”, pregunta, “No sabía que se pudiese conducir tanto tiempo seguido con un coche eléctrico”. Tras confirmarle que este modelo tiene una batería de 41 kWh (ha sido electricista) y que puede conducir durante 300 km, la siguiente pregunta fue “¿Y no hay que cargarlo del todo para conducirlo?”. La respuesta es que no.

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“¡Es como un coche normal!”

La siguiente gran sorpresa para Ángel fue que el vehículo era “normal”. Ni tenía forma de nave espacial ni las ruedas eran de cartón. Tras mirarlo unos minutos me confirmó “se da un aire al Clio”. Pero siguió preguntando: “¿Y cómo se puede ver que es eléctrico?”. Le llamó la atención a la falta de tubo de escape o la parrilla frontal sin toma de aire.

Le pido que abra el coche. En los Renault ZOE privados, ya sean de empresa o particulares, la llave abre las puertas con un botón. En el caso de Zity —cuyas instrucciones completas tenéis aquí—, el vehículo se desbloquea con el teléfono móvil. Nada más montarse se asombra: “¡Es como un coche normal!”.

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Había visto un Renault Twizy que me habían dejado probar tiempo atrás, y esperaba algo más futurista. Como habíamos venido a aprender e investigar, lo primero que hacemos es curiosear el coche por dentro. Revisa volante y la palanca de cambio automático. “Mira, esto sé cómo funciona”, me dice señalando la palanca.

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También revisa el cable de carga que tienen los coches de Zity, y cuenta pedales. Este vehículo es automático —él ya había cogido algún térmico automático— y es lo que menos le llamaba la atención. “Desde dentro, es como un coche cualquiera”, dice. Yo le insisto en que aún tiene que arrancarlo.

“Qué suave va […] cómo acelera”

prueba renault zoe marcha atras

La siguiente sorpresa ocurre durante la conducción. Una vez regulados el asiento y los retrovisores, Ángel hace uso de la cámara de visión trasera para salir de la plaza de aparcamiento. Ya habíamos puesto nuestro destino en el GPS, un polígono industrial en Torrejón de la Calzada donde nos esperaba la furgoneta de trabajo recién salida del taller.

La ruta tenía 30 km pero en nuestro camino había tramos tanto de ciudad como de carretera. Además, empezaba a llover. Teníamos por delante la bancada de pruebas perfecta. Tras circular apenas unos metros, mi padre admite “qué suave va, la lluvia se escucha muy alto”.

Es cierto, las otras veces que he probado un vehículo eléctrico sí he notado cómo la música se escucha mejor, pero como íbamos sin audio para centrarnos en la conducción, oíamos perfectamente las gotas repicar sobre la chapa. Al salir a carretera, añade “¡cómo acelera!”. Sorprendido, admite: “¡Puedo adelantar a otros vehículos!”.

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No estoy muy seguro de qué esperaba, quizá una lata incapaz de dejar el carril derecho. Sin embargo, el Renault ZOE se comporta en carretera como cualquier otro vehículo. Tras un par de curvas a velocidad elevada, Ángel se da cuenta de que “este coche tiene muy buena estabilidad. ¿Pesa mucho?”.

Los vehículos eléctricos suelen tener las baterías de ión-litio en su base, lo que añade peso y baja bastante el centro de gravedad del vehículo. Esto hace que la conducción sea más estable y que “se pegue al suelo”.

“¿A qué velocidad puede ir un coche eléctrico?”

Lo de correr no va en nuestra familia, y siempre andamos por debajo del límite de velocidad. Pero la curiosidad sí que la tenemos en las venas, y mi padre pregunta —mientras le pisa— “¿A qué velocidad puede ir un coche eléctrico? Este acelera muy bien”.

Sí que acelera, sí. Nos movíamos por autopista y lo pusimos a 120 km/h, el máximo, después de insistirle yo en mantener una conducción menos “entusiasta”.

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En ese momento fue cuando Ángel descubrió que en materia de conducción no hay ninguna diferencia entre un motor térmico y uno eléctrico, más allá del ruido y vibraciones que produce este último. De tanto en tanto mi padre mira al panel de instrumentos. “Suena algo”, afirma, y yo sonrío.

Sin que yo le diga nada, pronto descubre qué se significa el silbido suave que se escucha cada pocos kilómetros. “Suena cuando dejo de acelerar”, confirma, “y se ilumina la pila esa”. Me señala, en el panel de instrumentos, el cilindro que indica el consumo y carga de batería.

Unos kilómetros más allá, tras una cuesta abajo pronunciada, me dice que “esto no lee bien los kilómetros, antes marcaba menos de batería”. Es cierto, la batería ha subido. Le doy unos kilómetros más a ver si descubre qué está pasando, y lo hace. “¿Estamos recargando en movimiento?” pregunta levantando las cejas. “¿Cómo?”. Está alucinando, nunca había visto el mecanismo.

Le explico el funcionamiento del freno regenerativo, y cómo es capaz de recargar la batería en bajadas y reducciones de velocidad. A los pocos minutos alcanzamos nuestra primera parada. Yo me pongo a los mandos de la furgoneta de trabajo, y él me sigue en el Renault ZOE.

“El problema es que no hay dónde cargarlo”

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Conducimos hasta un parking en Villaviciosa (arriba) donde la furgoneta descansará unos días. Otros 34 kilómetros al montón, y mi padre aparca el Renault ZOE antes de confirmar que “el problema es que no hay dónde cargarlo, no me valdría para el trabajo”. No es cierto, claro. Ángel no sabe que el Renault puede cargarse en cualquier enchufe.

Entramos en la oficina del parking y nos sentamos a hacer cálculos de servilleta. Por suerte, mi padre anota en su agenda de trabajo todos los clientes a los que visita. Durante el último mes nunca ha realizado más de 150 km diarios, y la media diaria ronda los 85 km. Buscamos un enchufe cercano y localizamos cuatro al alcance del lugar donde acabamos de aparcar el ZOE.

Le digo a mi padre que “tienes uno más en el garaje de casa y otros tres en el de tu oficina”. Él tiene una pequeña nave con material en un polígono industrial, y enchufes en la pared de entrada. Con un alargador de unos metros, el cargador Camaleón llega sin problema. “¿Y cuánto tarda?”. Buena pregunta, que depende del tipo de cargador que tengas disponible, para lo que existe un simulador.

La carga más lenta de todas arranca en el enchufe convencional (el que tienes en casa), con el que podremos cargar a una potencia de 2,3 kW (10A) y tardará unas 25 horas. También cabe la posibilidad de instalar una Wallbox de 7,4 kW (32A) especialmente en la oficina. Con ello, la carga de 0 kWh a 41 kWh rondará las 7h 18 minutos.

Si aún así necesitamos más velocidad (más abajo explicamos por qué no suele ser necesario) tenemos la posibilidad de instalar una Wallbox de 11 kW (4h 30 min), una de 22 kW (suele verse en oficinas y parkings, 2h y 40 minutos) o ir directamente a una electrolinera y solicitar la carga rápida. Esta, de 43 kW, cargará el vehículo al 100% en 2h y 40 minutos.

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Pero, como habíamos adelantado, hemos echado cuentas. El vehículo se pasa más de cuatro horas y media aparcado en la oficina; y por lo menos diez en el garaje de casa. Traducción: mi padre, que usa su coche como herramienta de trabajo, podría cambiarse mañana a un eléctrico y seguir como hasta ahora (ahorrando dinero en el proceso).

Con el tiempo que se pasa detenido podemos recargar la batería de un Renault ZOE mucho más allá de esos 85 km diarios que necesita y a muy baja potencia, lo que supone una disminución de coste.

“Necesitamos uno en la oficina”

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Apenas llevamos dos horas dando vueltas con el coche y ya está convencido: “Si me dices que uno de estos no paga zona SER, necesitamos uno en la oficina”. La conducción es más suave, la autonomía no es un problema, los puntos de recarga se encuentran literalmente en cualquier lugar (enchufes) y son asequibles, no contamina, puede aparcarse en zona SER y no le afectan los protocolos de contaminación.

No lo hemos exprimido porque no hay tiempo. Aún tenemos que volver a Madrid (otros 24,1 km) antes de seguir con un par de recados. Sin embargo, mi padre ya lo tiene claro. Su siguiente vehículo de empresa será un vehículo eléctrico en formato de alquiler de batería. Hemos echado cuentas, y nos viene bien para la empresa porque supone un ahorro a largo plazo frente a la pequeña flota actual.

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Tras el viaje, aparcamos el vehículo a una plaza SER de Pirámides, junto a la parada de metro que usaremos para ir a ver la casa de un cliente. En el panel de instrumentos se refleja una autonomía restante de 161 km. Horas atrás cogimos el vehículo marcando 220 km y recorrimos un total de 92 km.

Que cada uno haga sus cuentas: el freno regenerativo funciona, y muy bien. Si alguien te dice que “eso de la movilidad eléctrica aún no está listo”, envíale este artículo o alquila durante un par de horas un vehículo eléctrico. No hacen falta más para demostrar cómo será el futuro de la movilidad.

Imágenes | Marcos Martínez

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