El vehículo eléctrico clave para disminuir las emisiones de CO2 en España

El vehículo eléctrico será clave para disminuir las emisiones de CO2 en España

Las emisiones de dióxido de carbono son una de las causas del efecto invernadero

España fue en 2017 el cuarto país de la Unión Europea que más aumentó sus emisiones de dióxido de carbono (CO2). El significativo aumento supuso un incremento del 7,4% con respecto a 2016, según la oficina de estadística comunitaria Eurostat.

Este tipo de emisiones son un perfecto indicativo de la necesidad de un cambio para tratar de paliar los efectos negativos de las mismas sobre el medio ambiente. En ese sentido, el camino de España para disminuir durante los próximos años estas cifras pasa en buena medida por apoyar el crecimiento de la movilidad eléctrica y seguir potenciando las energías renovables.

Es una consigna que se viene señalando desde hacia tiempo en el seno de la Unión Europea. España, como demuestran los datos obtenidos por la oficina comunitaria, tiene trabajo por delante. Tan solo Malta (12,8%), Estonia (11,3%) y Bulgaria (8,3%) superaron a España el año anterior en incremento de emisiones de dióxido de carbono, aunque también hay que tener en cuenta, desde un punto de vista económico y demográfico, el peso de España en la Unión Europea con respecto a esos países que la superaron.

Las emisiones en España suponen un 7,7% del total de lo emitido en la Unión Europea (en comparación, las emisiones de Malta solo representan el 0,05% de emisiones). Nuestro país es el quinto en esta asignatura, por debajo de Alemania (23%), Reino Unido (11,2%), Italia (10,7%), Francia (10%) y Polonia (9,8%). Ahora bien, la tendencia europea de emisiones comienza a ser a la baja. Por ejemplo, Reino Unido las disminuyó un 3,2% en 2017.

¿Qué nos dicen las emisiones de CO2?

emisiones C02

Al contrario que ocurre con otros agentes contaminantes, las emisiones de dióxido de carbono no acarrean una toxicidad grave para la población, salvo cuando se encuentra en concentraciones muy elevadas (por ejemplo, a partir de 1.000 partes por millón se convierte en causa de dolencias como el asma). ¿Por qué entonces se miden y se les da semejante importancia?

El motivo más relevante es el impacto que generan en fenómenos como el calentamiento global, ya que son en buena parte responsables del efecto invernadero. El aumento de las emisiones producidas por el hombre en los últimos dos siglos están implicando una transición medioambiental sin precedentes en la historia.

A su vez, las emisiones de dióxido de carbono sirven como referencia para medir los niveles de contaminación del aire en los diferentes campos de los que provienen: energía, transporte, actividades industriales y resto de factores demográficos y económicos. La producción energética y el transporte, en concreto, son dos de las principales fuentes de dióxido de carbono sobre las que más se puede actuar rectificando su impacto.

En el ámbito del transporte, autoridades como las europeas usan el dióxido de carbono como factor representativo para medir cuánto contaminan los modelos y fijar los próximos objetivos. Y es que, una reducción del dióxido de carbono que se emite en la industria de la automoción lleva aparejado una posible disminución del resto de emisiones más peligrosas para la salud.

El transporte, un sector clave

Ahora bien, esto depende en en parte del tipo de vehículo del que se trate. Por ejemplo, los motores térmicos movidos por gasolina suelen tener asociadas emisiones de CO2 superiores a las de las motorizaciones diésel. Por contra, estos últimos, pese a generar menos dióxido de carbono, suelen arrojar a la atmósfera sustancias mucho más perniciosas. Es una cuestión en la que nos centrábamos al analizar por qué la PM (particulate matter o partículas en suspensión) importaban más que el dióxido de carbono a la hora de medir la calidad del aire.

Ante esta tesitura, la única solución de sostenibilidad que se presenta en el horizonte del transporte es el coche eléctrico. Los modelos 100% eléctricos aseguran 0 emisiones y presentan un cambio radical en lo que respecta a cualquier tipo de emisión contaminante.

emisiones C02

Contribuyen a mejorar el aire perjudicial para la salud que se respira en muchas ciudades. En términos de dióxido de carbono también significan una solución revolucionaria. No hay más que observar el caso de Noruega, pionera en la introducción del coche eléctrico. Gracias al mismo, el país se ha adelantado hasta 3 años en sus objetivos de reducción de CO2.

Energías renovables, el futuro de la electricidad

Asociada al coche eléctrico de forma muy estrecha se encuentra el modo en que generamos la energía eléctrica. Aquellos países que dependen más del carbón para producirla se encuentran con altos niveles de emisiones contaminantes. El objetivo, por tanto, es ir asumiendo el cambio a la hora de no depender de los combustibles fósiles, tanto de forma directa con la llegada del coche eléctrico, como a la hora de producir la electricidad.

De este modo, en España, cuando recargamos un coche eléctrico, casi la mitad de la energía eléctrica procede de fuentes renovables. El crecimiento de las energías renovables marcará el camino para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Las previsiones estiman que la demanda eléctrica aumentará hasta 2040 en un 58%. A la vez, energías como la eólica crecerán un 349%.

Esto hará posible reducciones considerables de las emisiones de dióxido de carbono. Y es que para materializar esto es preciso pasar a la acción en las esferas energéticas y del transporte, sectores que más pueden contribuir a rebajar el impacto de la contaminación.

Imágenes | Renault, iStock/NicoElNino e iStock/uleiber

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